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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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02 Enero 2019 04:08:00
Limitar al Presidente
Andrés Manuel López Obrador no ha engañado a nadie: ha emprendido lo que ofreció como candidato, es decir, atender y apoyar a los sectores olvidados por los gobiernos del PRI, el PAN y el neoliberalismo. La ciudadanía votó masivamente por esa opción, acaso sin tener conciencia plena del significado de la cuarta transformación, pero sí persuadida de que las cosas debían cambiar. La mejoría lograda en los últimos sexenios se concentró en los estratos más altos, mientras el acceso a la salud, la educación y el empleo bien remunerado se redujo para la mayoría de los mexicanos.

El AMLO que despacha en Palacio Nacional es el mismo de los debates presidenciales y de las arengas en las plazas; el hombre genuino y el político cercano al pueblo y sus angustias. Sin las ínfulas de los tecnócratas, pero también sin la comprensión completa del país y del mundo, y sin la visión necesaria para afrontar sus complejidades. Presentarse tal cual es y proponer sin ambages un cambio radical lo identificó con un electorado burlado sexenio tras sexenio por una clase gobernante insensible y petulante.

Ganar la Presidencia en menos de cuatro años de fundado, como lo hizo el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), refleja el agotamiento y la crisis de los partidos tradicionales, los cuales, por parecerse tanto entre sí, se anularon. “En el México actual, la vida política e institucional está marcada por la corrupción, la simulación y el autoritarismo. A pesar de ello, millones de mexicanos trabajan a diario honesta y arduamente, practican la solidaridad y se organizan para acabar con este régimen caduco”, dice la declaración de principios de Morena.

En su intento de ser en el Congreso –donde también fueron vencidos– las oposiciones que dejaron de ser, pues el poder los atrofió, el PRI y el PRD exhiben su mediocridad y falta de energía. El PRI tampoco tiene nada que ofrecer después de su fracaso en la Presidencia y en las urnas. Castigados por los electores y sin respuestas para afrontar la nueva realidad política, la partitocracia apuesta a los errores del Gobierno de AMLO –los ha tenido– para crecer y reconciliarse con los ciudadanos después de haberlos abandonado y traicionado su confianza.

“El modelo neoliberal impuesto en los últimos 30 años”, advierte la declaración de Morena, expresada por AMLO en su primer discurso a la nación, “sólo ha beneficiado a una minoría a costa de la pobreza de la mayoría de los mexicanos. La economía está en manos de los monopolios; la planta productiva está destruida; hay millones de jóvenes sin oportunidades de estudio o trabajo; el campo se encuentra abandonado y miles de migrantes cruzan la frontera norte cada día, a pesar de los riesgos y de la persecución”.

México no podía continuar más tiempo por las vías de la injusticia y la corrupción. Morena catalizó el enfado nacional y lo convirtió en votos. El presidente López Obrador recibió un país en crisis. Su principal capital es su honestidad y la esperanza depositada en él por legiones. El cambio iniciado ha provocado reacciones, pues afecta intereses económicos y políticos que se habían apropiado del país y de sus instituciones, lo cual debilitó al Estado.

Una de las formas de apoyar al Presidente consiste en limitarlo desde la ciudadanía. Ella le dio la victoria y a ella debe obedecer para llegar a buen puerto con la cuarta transformación.



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