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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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17 Julio 2018 04:00:00
Lluvia de… feromonas
Los más felices, los más entusiastas, los más estresados y los más entregados en cuerpo y alma a su respectivo equipo de futbol durante la Final de Rusia 2018, sin duda fueron Emmanuel Macron, presidente de Francia, y Kolinda Grabar-Kitarovic, presidenta de Croacia. Ambos mandatarios son apasionados del fut, por eso cada vez que sus jugadores metían un gol ya sea por parte de los galos o de los balcánicos, ambos lo celebraban con verdadera euforia. Lo más llamativo es que lo festejaban juntos, sin protocolos y sin ánimo de desanimar al equipo contrario. A pesar de que en el palco de honor se encontraban la primera dama francesa y el marido de Kolinda, y otros jefes de Estado y de gobierno de distintos países, Macron y Grabar-Kitarovic pasaban por todas las emociones al ritmo de los vaivenes de los goles. Macron se quitaba y se ponía el saco, levantaba los brazos, brincaba y gritaba “allez les bleus!”. Por su parte, Kolinda también se quitaba su saco rojo para dejar ver su camiseta ajedrezada de su selección, se ponía de pie, alzaba los brazos y animaba a los suyos, con una sonrisa más que seductora. Para entonces el palco ya estaba cubierto de feromonas, “esas sustancias químicas secretadas por los seres vivos, con el fin de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie”, Wikipedia.

¿Quién es esta espléndida Presidenta que ha seducido gracias a su sencillez y espontaneidad a millones de fanáticos del futbol y seguidores de los croatas? ¿Quién es esta mujer de 50 años tan atractiva y tan polémica a la vez, que ahora gobierna a más de 4.29 millones de habitantes, la mayoría de religión católica? ¿Quién es Kolinda, quien pagara su pasaje al Mundial, en un vuelo comercial y a quien se le concediera pasar unos días sin salario en Rusia y se sienta en la tribuna con los hinchas de su país? Acerca de la Mandataria, dice la revista Forbes: “La Presidenta más joven de Croacia y la primera mujer en ser elegida para la oficina, Grabar-Kitarovic ha seguido haciéndose un nombre en el escenario internacional este año trabajando con el presidente Donald Trump y Estados Unidos... Exministra de Asuntos Exteriores, el año pasado visitó al presidente iraní Hassan Rouhani para hablar sobre el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas”.

Así como Kolinda despierta grandes pasiones, también provoca muchos odios a su derredor. Su partido, Unión Democrática Croata, es ultraconservador y ha sido criticado por sus matices xenófobos y antiinmigrantes. En la época en que era embajadora de Croacia en Estados Unidos, se le acusó de haber utilizado, junto con su marido, para su uso personal, el vehículo oficial y de haber gastado dinero de las arcas públicas. Para subsanar el error, la Presidenta actuó de inmediato y costeó los gastos. Igualmente se le reprocha su relación con Zdravko Mamic –prófugo de la justicia–, quien financiara su campaña y el hecho de haberse fotografiado con la bandera de los ustachas, una organización terrorista que se puso al servicio de los nazis.

Kolinda Grabar-Kitarovic, la proveedora de su casa, es mamá de dos hijos y está casada con Jakov Kitarovic, quien se asumió en su momento, sin complejos, como “amo de casa”. Llevan 22 años felizmente casados y ahora que sus hijos están más grandes, Jakov decidió regresar al mundo laboral. Su hija Katarina es una patinadora profesional y campeona del equipo juvenil de Croacia. La Presidenta, católica ferviente, quien se opone al matrimonio gay, habla siete idiomas, entre ellos el español, y es egresada de la Academia Diplomática de Viena, de la Universidad de Zagreb con una triple licenciatura en Inglés, Español y Literatura y de George Washington University. Gracias a la beca Fullbright, recibió un master en Relaciones Internacionales.

A pesar de que Croacia perdió 4-2 frente a los galos, Kolinda festejó el triunfo de Francia, como si los croatas se hubieran convertido en campeones del mundo. Bajo una lluvia copiosa, la Presidenta no dejó de manifestarle su alegría y solidaridad a Macron. Francia y Croacia nunca habían estado tan unidos. Ambos mandatarios se abrazaban, se besaban, se apapachaban y felicitaban a cada uno de los jugadores, despidiendo, entre los dos, millones de feromonas por todo el estadio ruso.
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