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Federico Muller
Federico Muller
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29 Junio 2018 04:00:00
Lluvias e inundaciones en la ciudad
Las intensas lluvias que han caído en Saltillo en los últimos meses han colapsado colectores, alcantarillas y ductos debido a la falta de capacidad que tienen para contener y transportar el agua, y si a eso se añade la gran cantidad de basura que la población vierte en las calles y que bloquea el flujo del agua a las escasas fuentes de recolección, la magnitud del problema pluvial se incrementa. Los resultados no se hacen esperar: encharcamientos en vialidades e inundaciones en viviendas ubicadas en diferentes puntos de la mancha urbana. Es válido decir que, desde hace décadas, la capital de Coahuila requiere de un sistema integral de drenaje pluvial que incorpore a Ramos Arizpe y Arteaga.

Por la topografía de la ciudad, con una pendiente que va descendiendo a medida que el observador se aleja del sur y enfila hacia el norte de la mancha de concreto y asfalto, los desbordamientos se dan hacia la parte más baja. El sector norte se había caracterizado por ser el más afectado por los torrenciales aguaceros, sin embargo, para sorpresa de algunos que desconocen la historia de Saltillo en cuanto a descargas naturales (arroyos y acequias) que antaño se tenían y que ayudaban a desfogar las crecientes avenidas que se formaban cuando llovía, la creciente y desordenada urbanización (que no respetó siquiera los cauces naturales) ha afectado también a algunas zonas de la parte sur de la ciudad, que sufren inundaciones cuando llueve a pesar de ser áreas asentadas en la parte más alta, topográficamente hablando.

Con ello, el diseño y construcción de una red de descargas que funcione para atender las necesidades pluviales de la ciudad en el mediano y largo plazo, se hace más complejo y costoso y supera la capacidad financiera del municipio, por lo que su implementación necesita el apoyo financiero de los gobiernos estatal y federal, y quizá también del financiamiento de organismos internacionales. No se trata de construir proyectos parciales que ofrezcan solucionen temporales al añejo problema de las anegaciones. Infortunadamente, las obras de infraestructura de drenaje pluvial no dan relumbrón político a los alcaldes y gobernadores porque no son visibles, aparecen a varios metros de profundidad de la carpeta asfáltica, lo que las hace poco atractivas como divisa de popularidad, que se refleje en el currículo político de los gobernantes. Inclusive, en los planes municipales de desarrollo urbano que se han elaborado, no aparecen como propuestas de primer orden de importancia.

También es relevante comentar que los proyectos de drenaje pluvial deben acompañarse de reglamentos de construcción y reservas territoriales más estrictos, que respeten las áreas de amortización de la reserva ecológica de la sierra de Zapalinamé y las descargas naturales de la ciudad. Hace unos cuantos días, el ejemplo más patético de la voracidad urbana lo evidenció la inundación de una clínica del IMSS localizada al sur de la ciudad, que ameritó suspender algunos servicios médicos a los derechohabientes. Según testimonios de algunos trabajadores que radican en esa zona, las fuertes lluvias que cayeron no encontraron su desfogue natural, un arroyo que había sido bloqueado por placas de concreto, con lo que el curso del agua tuvo que cambiar de dirección y su destino final fue la planta baja de la citada instalación de salud.

Las cambiantes condiciones atmosféricas en la región, atribuidas al calentamiento global, hacen de los proyectos de infraestructura una necesidad urgente de atenderse en el corto plazo por las autoridades municipales.      
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