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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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27 Abril 2018 04:00:00
Lo que nos dejó el debate
A pesar de que el tema del debate a estas alturas de la semana causa hartazgo, no puedo evitar el referirme al mismo por las siguientes causas: en primer lugar, el del domingo pasado, fue el primer debate presidencial realizado bajo una coyuntura comicial histórica y no sólo por el enorme número de cargos de elección popular que se disputarán el próximo 1 de julio, sino también lo es dado que hoy, como nunca, la moneda está realmente en el aire, es decir, ni siquiera los mismos candidatos saben sobre su real posibilidad de llegar a la silla presidencial.

Aunado a lo anterior, debemos reconocer que el debate del domingo cumplió con todas las expectativas de los ciudadanos, ya que, contrario a lo que muchos analistas consideran respecto a que los candidatos deben en estos ejercicios destapar sus principales propuestas, defenderlas y explicar con detenimiento su aplicación, para mí, estos debates tienen que ver más con la personalidad política de los participantes, sus capacidades, personalidad y posturas personales cuando discuten asuntos públicos. Además, debemos reconocer que el formato que por fortuna ahora empleó el INE lo hizo infinitamente más dinámico y mucho más entretenido, como nunca antes habían sido los debates presidenciales México, por lo que pretender que en tan poco tiempo cada candidato deba darnos una cátedra pormenorizada de política pública avanzada es una desbordada exigencia. No es que yo crea que las propuestas no son importantes; sin duda alguna lo son, pero para eso están las plataformas y documentos básicos de los candidatos o los libros que han escrito.

De igual forma, considero que el buen desempeño en un debate no se traduce en un ganador directo, ya que jamás encontraremos una percepción uniforme sobre quién ganó; y mucho menos podremos decir que un debate define las preferencias rumbo a una elección o el resultado de la misma.

Para quien esto escribe, el debate del domingo pasado se resume en lo siguiente: Margarita Zavala no tuvo controversia en el debate, es decir, nadie la tomó en cuenta. Meade y Anaya utilizaron exactamente la misma estrategia: argumentos generales y vagos, datos ficticios, diagnósticos inventados, propuestas inconclusas y ataques sin razón, tanto entre ellos como en contra del candidato puntero. López Obrador mantuvo su típica y perezosa estrategia de evasivas, cuidando en todo momento no decepcionar al electorado que lo apoya. La lectura que muchos analistas dieron al debate, según su percepción, fue diametralmente opuesta a la reflejada en las encuestas más serias posteriores al debate, ya que mientras los primeros aseguraban que no existía un ganador, las encuestas reflejaron que para los encuestados, Andrés Manuel y Ricardo Anaya tuvieron el mejor desempeño, así como que a Meade le faltó persuasión, por lo que desperdició una oportunidad valiosísima.

Así pues, para mí, el objetivo del debate se cumplió; para otros, los candidatos quedaron a deber. Sin embargo, lo más importante es que la ciudadanía los conoció y sin duda sabrá identificar quién hablaba con la verdad y quién de ellos mentía, al menos en el tema de la honestidad, ya que todos demostraron ser bastante cínicos, puesto que pretenden gobernarnos a pesar de que lo único que se demostró es que ninguno está completamente limpio.
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