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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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12 Agosto 2017 04:00:00
Loas a nuestra señora
La revista Vanity Fair incluyó a la esposa del presidente Peña Nieto en el “top ten” de las primeras damas mejor vestidas. (¿Y los gastos quién..?)

Las primeras damas y sus cortesanos. Aduladores nunca han de faltar y siempre han de salir sobrando, como una panista Cecilia Romero que en su momento ventoseara la melcochosa declaración:

“El papel de Martita es importante porque hay que romper el paradigma de las primeras damas que sólo eran acompañantes del Presidente o que se dedicaban a promover obras de beneficencia”. (¡!)

Pues sí, pero lástima: ahora ningún servil va a poder, va a atreverse a igualar la lambisconería de aquella vieja corte de los milagros que se acurrucaba al amor de las primeras damas donde descolló un jilguero de enmelada lengua que yo, en su momento, puse en evidencia. Fue ese el cantor de cuanta primera dama se le ponía a tiro de servilismo: Rafael Solana, genio de la adulación a la dama en turno. Ah, el Solana aquel que a las dignísimas damas tuvo el tino de loar en unas columnas de prensa diabéticas, que chorreaban miel rellena de piloncillo y azúcar cande. Su cortesanía con la primera dama del mothernizador:

“La más bella de las primeras damas había sido hasta hoy, hasta antes de la actual primera dama, doña Cecilia Occelli de Salinas de Gortari, doña Alma Viderique de Rodríguez, casi tan hermosa como nuestra actual y dignísima doña Cecilia”. (Sic.)

Servilismo pertinaz y vil desvergüenza: “Traté varias veces a doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz y también a doña Beatriz Velasco de Alemán, ambas damas dignísimas. Quien inauguró el concepto de primera dama como servidora de la nación, y principalmente de la niñez mexicana, fue doña Carmen García de Portes Gil.

Y ya encarrerado: “La otra más ilustre esposa de presidente es doña María Esther Zuno de Echeverría, en cuyo honor se tocó, la mañana en que su ilustre esposo leía su último informe, la mayor ovación que se haya escuchado en la Cámara de Diputados. Enorme actividad desarrolló para casar parejas que hubieran descuidado ese detalle, y para difundir el folklore nacional. Se ganó el respeto y el cariño de todos los mexicanos”.

“Una inspiración tuvo doña Soledad Orozco de Ávila Camacho que se ganó las simpatías de la grey católica: encabezar una peregrinación a Zapopan. Doña Eva Sámano de López Mateos, maestra, fue muy querida y respetada, pero la separaba del guadalupano pueblo el hecho de pertenecer a una religión distinta de la católica.

Traté varias veces a doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz y también a doña Beatriz Velasco de Alemán, damas dignísimas. La más artista, e impulsora excelsa no sólo del arte popular, sino sobre todo de la buena música, fue doña Carmen Romano de López Portillo, ¡dignísima! Eso sí: la que nunca dio color, ni se dejó ver, fue Amalia Solórzano de Cárdenas. Ella no”. (No se dejó untar de baba.)

Ya no le tocaron Marta ni Margarita, que sin duda resultarían dignísimas y las más bellas, “descontando la actual”, fuere esta o aquella. Mis valedores: ¿no merece uno de ese calibre la primera dama del sexenio actual? De Angélica Rivera, ¿qué hubiese dicho el servil? Lástima del cantor, hoy silenciado a hachazos de muerte. La voz meliflua y azucarada de Piri Gay:

“Antes que nada queremos felicitar a la Dignísima Primera Dama de nuestro Patria, cuyas frases cálidas y envolventes ascendían como voces de violas y violoncellos en su magnífico informe de Gobierno del DIF”. (¡Agh!)
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