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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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21 Noviembre 2018 04:02:00
López contra Obrador
Los errores cometidos en las urnas se corrigen en las urnas. A unos días de rendir protesta como jefe de Estado y de Gobierno, aún no se le perdona a Andrés Manuel López Obrador haber vencido al prianato. Como si la culpa fuese suya y no de una clase política rapaz, de un presidente incompetente y cínico, reprobado por la inmensa mayoría de los mexicanos, y de unas élites económicas, únicas beneficiarias de la alternancia en Los Pinos, cuya apuesta era por Ricardo Anaya o José Antonio Meade, derrotadas también por el líder de izquierda.

AMLO captó 11 millones de votos más que Peña y el doble de los 15 millones obtenidos por Fox y Calderón en sus respectivas elecciones. El líder de Morena es el presidente más votado. Empezó a ejercer el poder antes de asumirlo por el vacío dejado por Peña, quien podría ser el último mandatario del PRI en mucho tiempo. La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad de México y la iniciativa para reducir las elevadas comisiones de la banca, han tocado a dos de los sectores más privilegiados del país.

Santander, BBVA Bancomer (España), HSBC (Reino Unido), Citibanamex (Estados Unidos) y Scotiabank (Canadá) cobran a los mexicanos comisiones del 100 al 25% más caras que en sus países, de acuerdo con información de Morena (Reforma, 9-10-18). Para tranquilizar a los mercados, López Obrador declaró que en los tres primeros años de su gestión no modificará el marco legal en los sectores económico, fiscal y financiero. El presidente López Portillo nacionalizó la banca en 1982, último año de su gobierno, y Carlos Salinas de Gortari la reprivatizó.

Si a López Obrador se le quiere debilitar, será con votos, como le sucedió a Donald Trump. El presidente de Estados Unidos perdió el control de la Cámara de Representantes y la mayoría de los gobiernos estatales en juego el 6 de noviembre. Ese resultado podría costarle el segundo mandato dentro de dos años. En México, el fracaso del PRI en las elecciones intermedias de 1997 fue la antesala de la primera alternancia en el Poder Ejecutivo. El PAN ganó por primera vez la presidencia en 2000 con Vicente Fox.

Si AMLO llega a los comicios de 2021 con un saldo negativo y sin cumplir la promesa de atacar de raíz la corrupción y no reduce la inseguridad, la violencia y la pobreza, los electores podrían castigarlo como lo hicieron con el PRI y el PAN. Pero aun si perdiera el Congreso, tendría mayoría el Senado, como Trump. López Obrador ha recibido una andanada en las redes sociales por la cancelación del aeropuerto de Texcoco y el plan de seguridad, pero un líder curtido como él sabe lidiar con la comunicación digital. Además, no existen señales de que haya perdido respaldo social.

El PRI y PAN tardarán años en reconstruirse después de la aplastante derrota de julio. Acción Nacional puede ser la oposición más incómoda de López Obrador. Marko Cortés, su nuevo dirigente, tiene como principal tarea mantener vivas las siglas partidistas más antiguas de México. Su elección no dejó a todos conformes; el expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala fundarán un nuevo partido.

El PRI no ha dado señales de vida. Sus signos son los de un enfermo terminal. El exgobernador Rubén Moreira, uno de los responsables del desastre en Coahuila y de la derrota de José Antonio Meade, es el delegado en Monterrey para la elección extraordinaria de alcalde del 23 de diciembre. El PRI, como Peña, no entiende que no entiende.
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