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Vicente Bello
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10 Agosto 2018 04:00:00
Los 30 millones de votos, el contrapeso al régimen
Un sector de medios de información de la capital del país que se identificaron por siempre con el PRI y con el PAN consideran ahora que el Congreso de la Unión debería constituirse en un contrapeso constitucional a priori de Andrés Manuel López Obrador, a partir de que éste asuma la presidencia de la República, porque, de lo contrario, se corre el riesgo de que se convierta en un dictador.

Las reacciones al triunfo avasallador del tabasqueño no sólo causan furor en sus ahora opositores, sino un franco miedo a que eche para atrás lo que el régimen priísta-panista (cuya duración será de 36 años, hasta el 31 de noviembre próximo) estuvo construyendo con leyes todo este tiempo una labor de zapa en la vida de los mexicanos.

Medios de información de la Ciudad de México que fueron, por supuesto, peones y también beneficiarios de gobiernos que sólo respondieron a los intereses de minorías y no de la mayoría de la población.

Fue tanto lo que ganó electoralmente el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador que no tendrá un contrapeso en el Congreso de la Unión cuando tome sus decisiones sobre la vida de la República.

PRI, PAN y PRD, los partidos políticos más representativos hasta esta elección reciente, quedaron como bureles después de los tres tercios: Con el hocico sangrando y para el arrastre.

Estos tres partidos políticos que tantísimo daño han causado al país se dieron un topetazo brutal con el pueblo de México. Y  perdieron no sólo la elección, sino también es posible que más de dos pierdan hasta el destino.

Sabido es que el tabasqueño ganó la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados; ganó la mayoría absoluta en la Cámara de Senadores. Y ganó también la mayoría en 19 congresos estatales, de los 32 de la federación mexicana.

El ahora presidente electo no va tener ningún problema para aprobar todas las leyes secundarias en los términos políticos que su movimiento considere afín al proyecto de régimen que aspira instaurar a partir del 1 de diciembre.

Si bien será relativamente fácil para AMLO reformar leyes secundarias, con las diputaciones y senadurías que la coalición electoral de Morena-PT-PES consiguió –y que al parecer continuará, ahora transfigurada en una coalición parlamentaria-, no estará muy alejado de la posibilidad de conseguir la conformación de mayorías calificadas (así les dicen a las de dos tercios: 334 diputados en San Lázaro y 95 en el Senado).

Con mayoría de los dos tercios, el nuevo gobierno podría adentrarse  en la rehechura de la Constitución General, luego de que los gobiernos del PRI desde los tiempos de Miguel de la Madrid -sobre todo cuando Salinas y ahora con Peña, y en los dos sexenios panistas-  tasajearon vilmente a la ley suprema de México para quitarle el altísimo sentido social con que nació en 1917, hasta convertirla en instrumento de dominio de la población para favorecer a esa minoría hoy encumbradísima en cuanto a ganancias económicas.

En México sobreviven millones de familias con menos de 20 pesos diarios, lo que ha recrudecido la desnutrición, enfermedades y el hambre endémica en el país; en tanto, hay una minoría de mexicanos que son dueños de megafortunas que sus sucesores no se las acabarán ni en 300 años.

Este sistema económico y político que prohijó tal desfasamiento entre la población es el que, a través de sus peones de la información de la Ciudad de México, ahora lanza chillidos quejándose –a veces lastimera, a veces furibundamente- por esa mayoría legislativa que, de manera histórica, acaba de construir el pueblo de México con los 30 millones 113 mil 486 sufragios que emitió en  favor del movimiento encabezado por el actual presidente electo.

En realidad, el contrapeso no lo serán ellos, panistas y priístas y todo lo que han representado estos 36 años. No. En realidad el contrapeso en México será, sin duda, el movimiento encabezado por López Obrador, a quien el pueblo de México le ha ordenado con esa inmensa cantidad de votos ponerse a la tarea de limpiar los estercoleros del país, en un trabajo que se antoja épico, como uno de los trabajos del mitológico Hércules, cuando se puso a limpiar en una madrugada los establos atiborrados de mierda de Augías.

López Obrador no debe olvidar que millones de mexicanos votaron por él con la esperanza de que las atrocidades que cometieron los priístas y panistas –en esos 36 años de neoliberalismo- sean arrancadas de raíz. Y que limpie a la República.

Para eso, tiene que echar mano del Congreso de la Unión, modificando leyes secundarias y constitucionales.

López Obrador ha dicho que en los primeros tres años de su gobierno no propondrá reformas constitucionales. Se entiende, para que no haya jaloneos, disputas con los grupos poderosísimos que se irán de la Presidencia el 1 de diciembre próximo, y lo dejen trabajar y no le hagan un desmadre en el país.  

Sin embargo,  no debe olvidar que el contrapeso en realidad han sido esos más de 30 millones de votos que le dieron el triunfo.  Y que él estará a la cabeza del contrapeso de un régimen que iba para los 37 años de vida.

No es ocioso que la gente que votó por él le otorgó también la convergencia con las mayorías absolutas en las dos cámaras del Congreso de la Unión. Y lo puso muy cerca de las de los dos tercios. El contrapeso llegó al poder. Es hora de cambiar, corregir. Y de raíz. Veremos.
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