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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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04 Febrero 2018 04:15:00
Los amados recuerditos
AMIGOS QUERIDOS: ya estamos en el mes tan esperado para los enamorados, febrero mes del amor y la amistad. Y en lealtad hacia esos queridos amigos y familiares algunos de nosotros guardamos celosamente los amados recuerditos, que en ocasiones por falta de cuidado hemos roto al sacudir tanta gurita o chuchería.

COMO DICE EN El SIGUIENTE escrito mi papá, que les comparto el día de hoy, y que lo escribió al ver a mi mamá limpiando los más de 200 recuerditos que tiene arriba de la chimenea:

“Cuando las amas casa, madres, tías y abuelitas, gracias a su iniciativa, se dan a la tarea de limpiar, desempolvar, pulir y redistribuir su acervo de piezas (la mayor parte artesanales) que han venido acumulado a través de los años, se llevan horas y horas.

ES POR ESO QUE REQUIEREN la quietud y tiempo suficiente para hacerlo.

Tocar este tema, aparentemente trivial, me conduce a reflexionar sobre el valor de los regalitos o cariñitos que se obsequian entre sí las mujeres, sobre todo de edad.

Se reciben de parte de las amistades, familiares, vecinas, compañeras de generación que hayan compartido estudios, en fin.

Así, a la vuelta de las décadas, es tal el cúmulo de piececitas que se atiborran sobre el piano, las repisas, mesas tras sofá, cómodas, libreros y chimeneas, etc., que resulta difícil ‘alzar’.

Cuando por fin se deciden a hacerlo, vemos con asombro la paciencia con que van reordenándolas. Si nos acomedimos a “ayudar”, por lo general no aceptan.

Esto me hace pensar QUE en su mente, en su corazón, en sus valores y afectos, cada pieza tiene sus antecedentes. Tan es así, que cada cosa posee, más que el valor intrínseco o monetario, uno de mayor jerarquía. De no ser así..., ¿por qué nunca se
deshacen de esas piezas? ¿Acaso por su estricto valor artístico?.

Nos electriza saber, por no decir ‘adivinar’, cuántos recuerdos, eventos, vivencias, compromisos, situaciones y hasta penas se van asociando con esos ‘cariñitos’, sobre todo cuando provienen de quienes ya han fallecido.

Es a través de esas efigies, imágenes y piezas artesanales que se evoca a los seres queridos, amistades entrañables y peripecias de la vida.

Esto conlleva un respeto a quienes otorgaron el obsequio. Queda pues muy lejos de esta apreciación, la insistencia de quienes hablan, escriben, dictaminan, sobre el caso de los acumuladores compulsivos, tema que nos llevaría a otra discusión bien distinta... a la harina de otro costal.

Durante esas labores de limpieza, no faltan las anécdotas que nos cuentan, las lágrimas inevitables al recordar personas y tiempos idos. Todo tiene un “porque”. He encontrado a mi madre haciendo este cuida- doso escrutinio, allá de vez en cuando.

El proceso par mi finalmente colocar esas piececitas, sabrá dios en qué orden (no puedo descifrar- lo), implica también dar lustre a la madera (cedro rojo tropical) que cubre a la chimenea. Luego se regresan las “chucherías” a su lugar.

Existen tortuguillas, caballitos, elefantes, camellos, búhos y lechuzas, perritos, burritos, campanas y campanitas, ceniceros, nefertitis, la Torre Eiffel, muñequitas, microestuches, banderas, sarapitos, zapatitos, cabezas olmecas, pirámides, piezas de ajedrez, piezas de ónix, de pedernal, platos, estatuas y gurasreligiosas.

Imágenes bizantinas, tamborcitos, bailarinas, dedales y huevos de zurcir, copitas, botellitas, floreros pequeños, lamparitas de Aladino, payasitos, mezquitas, don Quijote y Sancho Panza, molinos de viento, candelabros, tacitas, casitas, etc., etc. No cabe ahí, por decirlo así, ni un alfiler.

Así es papá, mis hIjas me dicen: “mamá ya no compres nada en tus viajes, no cabe ni un alfiler”, pues también tengo chimenea y como sabrán, hasta los gustos se heredan.

Gracias papá por tu bellos compartir, la mayoría de los recuerditos son de los viajes de cada año a Europa de mi hermano Jorge, que por 18 años consecutivos nos trae a toda la familia y anécdotas de todo tipo, quién fuera él.

Aprovecho para agradecerle a mi hermano Jorge llevarse a mis hijas y sobrinos a sus entrañables viajes por el mundo.

Un abrazo fraterno amigos queridos, hasta la próxima, su amiga y terapeuta, Verónica.

Diosito por delante.
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