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Dan T
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15 Febrero 2018 04:07:00
Los aPRIetos de Ochoa
Un día estaba Vicente Fernández en un restaurante con su familia, fue al baño y al regresar traía los pantalones manchados, de lado a lado, con una franja de orina.

–¿Qué te pasó, apá?

–El precio de la fama, mijo.

–¿Pues qué hizo en el baño, apá?

–No, pues yo nada. Lo que pasa es que estaba yo en el mingitorio haciendo mis necesidades y acariciando a mi prieto azabache cuando, de pronto, el señor que estaba a mi lado, me vio de reojo, me reconoció, se giró a la izquierda levantando las manos de emoción y me dijo: “¡Es Vicente Fernández!”. Y, pues, me bañó todito.

Más o menos lo mismo le pasó al dirigente del PRI, Enrique Ochoa, con eso de los PRIetos de Morena. Es decir, el chiste ni siquiera era suyo, se lo fusiló a “El Bronco”, que fue el primero en contarlo en público, aunque en realidad se lo robó también de internet. Pero como a “El Bronco”, ni quién lo pele, pues no pasó a mayores. En cambio, cuando el priista dijo que los priistas que se iban a Morena se convertían en PRIetos y que los iban a derrotar, ¡uy!, se le vino el mundo encima. Lo acusaron de racista por todos lados. Las críticas fueron tan grandes, que el propio Ochoa se tuvo que bajar caminando los 35 pisos desde lo más alto de su ego y se vio obligado a pedir disculpas. Vaya, hasta José Antonio Meade tuvo que salir a decir: “¡no me ayudes, pendejo, digo, compadre!”. El candidato del PRI descalificó por completo a su dirigente y, de plano, dijo que su comentario estaba completamente fuera de lugar. De hecho, entre los priistas se dice que los días de su dirigente nacional están contados y que muy pronto llegará un relevo en su lugar. Lo curioso de todo esto es que Ochoa nunca habló de los PRIetos por el color de su piel, sino por pasarse a Morena. Morenos, prietos, la aritmética era fácil. Pero no le salió. ¿Por qué? Pues porque no es chistoso. Se quiere hacer el chistoso, pero resulta más sangrón que un suegro presumiéndote su colección de matamoscas. O su Porsche. En ambos casos, el suegro siempre te mirará de arriba hacia abajo, como si no valieras nada. Así es Enrique Ochoa: se siente bordado a mano; va por la vida creyéndose más inteligente que todos y esforzándose por demostrárselo a todos. Por eso cuando quiere hacer un chiste, ¡pum!, suena como a mentada de madre. Nomás para que te des una idea, a la hora de contar chistes, Enrique Ochoa es más malo. ¡que yo! Y eso que yo voy a terminar este comentario con el chiste de ¿qué le dijo una uva verde a una uva morada?. “¡Respira, babosa, respira”.

CANDIDATO 007

¿Por qué al panista Ricardo Anaya lo llaman “Misión Imposible”? Pues porque cada vez que habla, se autodestruye a los cinco segundos. A veces me da la impresión de que el joven maravilla del PAN se mete algo, porque no conozco ningún otro millennial que se emocione como él lo hace. Digo, supongo que debe ser emocionante ser candidato a la Presidencia, ¿pero para treparse como el Hombre Araña hasta lo más alto de una torre mientras da un discurso? ¿Y qué tal cuando se puso a combatir espías? Yo no sabía si reír o llorar de la preocupación cuando vi el video en el que panista decide confrontar al agente del Cisen que lo va siguiendo. Seguramente, como el 007, Anaya le dijo: “Está usted arrestado. Mi nombre es Ken. Chicken Little”.
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