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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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18 Marzo 2018 04:00:00
Los Bárbaros, el rey…
“La historia es en realidad el registro de crímenes,
locuras, y adversidades de la humanidad”.
Edward Gibbon, historiador inglés

Antes que nada, mis mejores palabras de agradecimiento para con mis sibaríticos lectores, que el pasado domingo se tomaron la tarea de indagar el porqué no vio luz mi columna Razones, podría pretextar muchas, pero siendo honestos, a raíz de mi regreso a los cuadriláteros del litigio electoral, el tiempo termina por aplicarme la cuenta de tres, y como ésta procuro escribirla las mañanas de los sábados, pues a veces quedo con las espaldas planas y no alcanzo a elaborarla para enviarla oportunamente. Así las cosas corrijo: mis palabras todas de agradecimiento y disculpa a mis sibaríticos lectores, incluso por adelantado en aquellos casos en que por andar resolviendo el mundo, no tenga a bien presentarme aquí como cada domingo. Comenzamos…

El pasado miércoles por la tarde me di el gusto de asistir a la presentación de Los Bárbaros, el Rey, la Iglesia, un libro magnífico de don Carlos Manuel Valdés Dávila, maestro, investigador, doctor en Historia, pero sobre todo AMIGO. En palabras de su hijo Gerónimo, también AMIGO, el libro de su vida; y no lo dudo. Dicha presentación la hicieron, además del propio autor, María Guadalupe Sánchez de la O y mi pariente que no lo es, José Luis García Valero. La presentación de los dos invitados fue igual de magnífica como el libro, dos visiones, dos lecturas distintas a partir de un mismo texto y hoy me atrevo a dejarles una de ellas, la de don José Luis; dado lo mucho que llamó la misma mi atención.

Dijo García Valero: –El libro de Carlos es igualito a él: honesto, sólido, lúcido, consistente, comprometido, veraz, retador, incómodo, cuestionador, y a la vez respetuoso. En su honestidad, sabe mostrar la fortaleza de los humildes, cito: –“Intenté construir una historia desde informaciones que fue posible recabar, pero no tengo la pretensión de definir el resultado de este libro como la historia de estos indios, sino como una narración que pretende acercamientos a certezas o a verdades limitadas”. –¿De qué nos habla Carlos, del siglo 18 o del 21–. “Un gobierno y unos gobernantes que declaraban una cosa, hacían la contraria, legislaban minuciosamente las conductas de sus habitantes, pero permitían la violación sistemática de su operancia; condenaban con vehemencia a los infractores y casi nunca los castigaban. Un estado que se define por declaraciones, leyes y acuerdos, que se proclama cristiano, pero que deja de lado cualquier noción que no sea fórmula genérica”. Y acota el presentador: –Ahora estamos peor, el índice de impunidad alcanza el 98% y se refiere al estado del que habla, don Carlos, ahora en nuestro tiempos como similar al de entonces, sólo que ahora con el mote de republicano, representativo y popular–.

Diciendo posteriormente en su intervención: –Leí el libro con un ojo puesto en el pasado y otro en el presente, tal vez se me acuse de anacronismo. ¿Será que toda historia es historia contemporánea? ¿Será por eso que encontré parecidos enormes entre el pasado que Carlos estudió con tanto empeño y seriedad, y éste presente de pueblos y comunidades indígenas, campesinos, mineros, proletarios, migrantes, presos, minorías excluidas? Carlos devela causas diversas de tantos males, tanto ayer como hoy. Un rey distante, una burocracia voraz y corrupta que generan una tierra de nadie, sin ley; para poder esclavizar y asesinar impunemente–, citando nuevamente al autor: “Se puede decir que una gran región fue, por azar o por decisión de los gobernantes, tierra de nadie, y de ahí se inició una de las debacles humanas más sombrías, cuyo término sería el exterminio de las más de mil quinientas bandas de indios”. –Encontré en este libro una especie de diálogo entre el ayer y el hoy. Ayer y hoy el mismo fracaso de las mismas élites dominantes–. Cita nuevamente: “El Estado español fracasó en la región escogida y en el seno de las sociedades nomádicas cuya historia pretendo rescatar. No sólo no logró asimilarlos, sino que ni siquiera pudo explotarlos racionalmente. España no los conquistó ni económica ni ideológicamente, aunque sí los aniquiló, puesto que finalmente desaparecieron del mundo como sociedades y como culturas”. –Ayer y hoy la misma violencia del Estado. Ayer y hoy el mismo Estado delincuente, los mismos políticos saqueadores, voraces, desvergonzados, abusivos, mendaces–. Cita: “El papel del Estado está ausente como organizador de los intereses de la mayoría o bien es un Estado cuyos gobernantes funcionan precisamente llevando adelante la práctica de su poder por encima de lo que establece él mismo. Las leyes no son en varios casos ni siquiera una referencia”. –Ayer los nómadas como auténticos sujetos en resistencia, hoy los pueblos y comunidades que defienden su tierra y su forma de vida–. Cita otra vez: “Existe un indigenismo que considera a los indios como seres vejados, manipulados, sobreexplotados, despreciados y nada más que eso. Tal visión los trata como objetos de las circunstancias, de la historia, de su condición, del hecho de ser disímiles”.

–Carlos nos brinda una minuciosa disección de la conquista española, de la sociedad que resultó de ella y de la impía voracidad del criollo mexicano; y como en un negativo o en un hueco grabado, nos invita a escuchar la palabra de quienes fueron despojados de su voz”. –Los invito a leer este magnífico trabajo, espero que sientan la misma indignación, la misma confianza y esperanza depositada en el pueblo y las mismas o más ganas de luchar–. Concluyendo con el último párrafo del libro: “La historia de los chichimecas o nómadas o bárbaros está ahí para reflexionar sobre la capacidad del hombre para hacer daño y no sentirse culpable. Si aceptásemos el apotegma “males son del tiempo y no de España”, deberíamos ser consecuentes y justificar Auschwitz, la trata negrera, el genocidio de Pol Pot, la guerra de Vietnam, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, el genocidio de los armenios… los bobosarigames, gnoopos, irritilas y tilijais no volverán, sólo quedan sus huellas, cenizas y recuerdos”. –Léanlo–

El pasado miércoles tuve el gusto de ir a la presentación de un magnífico libro escrito por un gran AMIGO; y la verdad, ese dí también me sentí nuevamente orgullosísimo del apellido Valero que me fue dado…
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