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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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28 Julio 2018 04:00:00
Los caprichitos del jefe
“La era del Trump sin cadenas prueba que ningún asesor –ni siquiera un general condecorado– va a poner orden a un Presidente que hace lo que se le pega la gana”.

Parte de un gran artículo de The New Yorker sobre la inminente salida de John Kelly, el jefe de Gabinete de Mr. Orange. El último adulto que queda en el cuarto también terminará de patitas en la calle.

Apunte esta triste regla de cualquier estructura jerárquica: mientras más poderoso el jefe, más fácil le será cumplir todos sus caprichos. Para bien... o para mal.

Un axioma aplicable en todo el mundo. Tome el caso de los museos de Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro Garza García, Nuevo León.

El edil está dispuesto a prestar por décadas al municipio sus millonarias colecciones de arte, monedas y fósiles... pero sólo si se construyen tres museos con fondos municipales en parques públicos.

La idea puede tener mérito... la forma de lograrla, no. No se discutieron opciones, no se dio información completa y a 3 meses de irse, don Mauricio acelera la construcción para terminar lo más que se pueda.

“Si el nuevo alcalde no está de acuerdo, que los derrumbe”, amenazó antes de lograr un acuerdo con el alcalde electo.

¡Ufff! Un fiel reflejo de un estilo de gobernar que en parte provocó que tras 30 años, la aplanadora del PAN perdiera la alcaldía del municipio más rico de México ante Miguel Treviño, un independiente sin recursos. A veces los caprichos del jefe terminan costándole.

“Berrinches, quejas y terquedad anuncian la presencia de un ‘Terrible Tirano de Oficina’. Esos líderes que no pueden modular su poder y, por desgracia, los subordinados no pueden tranquilizarlos con un chupón”, explica la experta Lynn Taylor en la revista Psychology Today.

La autora del libro Doma al Terrible Tirano de tu Oficina señala 20 comportamientos parecidos a los de un bebé que identifican a jefes caprichudos.

Los primeros 11 son rasgos agresivos, por lo general activados por el estrés: presunción, bullying, demandas incesantes, ignorar personas y/o peticiones, impulsividad, mentiras constantes, egocentrismo, terquedad, berrinches, territorialidad y quejarse por todo.

Complementan esta veintena trágica comportamientos asociados a temor o incompetencia: preguntas incesantes, creer en mundos de fantasía, volubilidad, impotencia, temor irracional, olvidar fácilmente, cambios súbitos en el estado anímico, poca capacidad de enfoque y necesitar ayuda para casi todo.

¿Qué hacer? Para un empleado es muy difícil. Porque un jefe caprichudo poderoso, a fin de cuentas, puede apachurrar a cualquiera. Aun así, Taylor recomienda siete estrategias en la revista Training:

1. Tener una excelente capacidad para escuchar y comunicarse. Atender causas raíz.

2. Mantener la calma ante la presión. Nunca confrontar cuando las cosas están calientes. Parafraseando a Kalimán: ante un capricho, serenidad y paciencia, querido Solín.

3. Comportarse a la altura. No copiar las mañas del jefe (algo muy común) ni “vengarse” con los de abajo. Demuestre cómo sí debe actuar un buen líder.

4. Resolver problemas proactivamente. Siempre es bueno conocer profundamente al jefe. Anticipe puntos de crisis. Prevenir siempre será mejor que lamentar.

5. Trabaje con las fuerzas y debilidades del jefe. Sobre todo enfóquese a las fuerzas. Un tono positivo siempre.

6. Utilice el humor para destensar. Obvio, con cuidado.

7. Sea empático. Póngase en los zapatos del jefe.

Muy buenos, seguro le servirán. ¿Y si es jefe? Haga un autoanálisis contestando preguntas como estas:

* ¿Qué tan homogéneo es su equipo?

* ¿Cuántas veces le han expresado puntos de vista distintos al suyo en el último mes?, ¿en el último proyecto?

* La última vez que enfrentó una situación estresante, ¿qué fue exactamente lo que usted hizo? Listado exhaustivo, por favor.

* ¿Cuántas veces y por qué se exaltó en el último mes?

Una introspección muy difícil de realizar porque generalmente el jefe es el último en enterarse de que es caprichudito. Hasta que la realidad toca a la puerta y votantes, ciudadanos, jefes o clientes le aplican una merecida dosis de ubicatex.

Por cierto, ojalá que “ya saben quién” no resulte muy caprichudo. Porque sí va a tener muuucho poder...

Posdata. No hay que ilusionarse. Lo más importante de la carta de Trump a AMLO es una amenaza: o aceptas mis (malas) ideas en el TLC, o te pongo aranceles de 25% a tus exportaciones de autos. Triple contra sencillo que por ahí va.

En pocas palabras

“Un tirano en la oficina actúa igualito a un bebé”, Lynn Taylor, autora estadunidense.
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