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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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04 Noviembre 2017 04:00:00
Los civilizados del norte
Hemos llegado al momento de reírnos de lo que sucede en el juego de la política nacional. Eso de seguir con el concepto de la lucha por la dignidad es, de verdad, un cliché. Del vocablo francés, cliché, se refiere a un estereotipo, a una imagen que se fabrica para reproducirse, es algo muy trillado y gastado. Cliché es una es una idea, frase o expresión que perdió su fuerza, novedad y se convirtió en un tópico común. Por ejemplo, en la literatura sobre derechos humanos, el uso de la palabra dignidad se empleó tanto como la plomería, aunque su utilidad y evolución no progresaron a la par. A diferencia del concepto de dignidad, la plomería sí logra y continúa evolucionando.

Si hubo un momento idóneo para el buen humor es ahora cuando la soberanía y la fuerza del Estado es tan frágil como un buñuelo. Al día de hoy no hay un fiscal general, ni un fiscal anticorrupción, ni un fiscal electoral. Si teníamos la noción de que la justicia no fue eje en los últimos 5 años, menos lo será en el 2018, no hay quien acate los mandatos de justicia, quien concluya las investigaciones de delitos electorales como lo de Odebrecht, simplemente, no hay quien gobierne, aunado a que el presidente Peña Nieto no dejará de deambular por el mundo en su último turno. Las actividades gubernamentales están volcadas en las próximas elecciones, el PRI una vez más va por todo, de lleno y por las malas.

Analistas internacionales escriben sobre México como “el caso México”, o “México, la tormenta perfecta”, en ese tono como cuando se habla de lo inconcebible, de lo insólito, de lo salvaje. Explican que el neoliberalismo, las leyes, las políticas económicas y democráticas, sumadas a la impunidad y corrupción, nos llevaron al fondo en todos los niveles medibles de desarrollo como: democracia, educación, salud, pobreza, seguridad, economía, justicia, impunidad, corrupción y otros. Peleamos en Latinoamérica el último lugar a El Salvador y a Brasil, menos en corrupción e impunidad: en ese rubro sí calificamos en primer lugar.

La visita a México del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se sintió como si un extraterrestre o un mesías hubiera descendido de alguna aurora boreal, trajo consigo aires de respeto, honestidad y de esa dignidad cliché, apuesto que esas ovaciones que le dieron de pie los senadores, diputados y los invitados a las ceremonias presidenciables los motivó a trabajar por el bien de los mexicanos por un minuto, bueno, menos, como cinco… Por esto es mejor tomarnos este juego de la política del PRI y el tiempo que le queda a Peña Nieto con buen humor.

En Coahuila, los agradecimientos por buen comportamiento sexenal están a la orden del día, antes era común conceder una licencia notarial, pero ya hay más oficinas de notarios que tiendas Oxxo, por lo cual se tendrán que conformar los bien intencionados funcionarios con puestos de magistrados por 15 años. Nada mal, nada mal…

Cuenta la anécdota que el poeta Salvador Novo visitó estas tierras en tiempos del exgobernador Benecio López Padilla. Al refinado hombre cuyas manos, relata el autor: “eran como dos chorros de atole”, lo sentaron, después de la ceremonia, a comer entre dos bravos generales coahuilenses. Al centro de la mesa, una cabeza de res en barbacoa con lengua y ojos. El poeta sintió desasosiego al ver cómo estos hombres encajaban los trinchetes en la cabeza de vaca para armarse de tacos de lengua, cachete y hasta deglutieron los ojos. Ante la pregunta: “¿ahora cómo le sacamos los sesos?”, Novo, incisivo, respondió: “denle el tiro de gracia, mi general”. El general sacó de su funda una pistola 45 y apuntó, lo que provocó que Novo, aterrado, se pusiera de pie en un salto. El general, giró la pistola y con la cacha le dio un golpetazo en la frente abriendo la sesera. Al concluir la celebración, el gobernador, preguntó: “¿Le gustó la ceremonia, señor Novo?”. “Todo hermoso, señor gobernador, ahora me explico por qué les dicen a ustedes los bárbaros del norte”.

“Donde termina el guiso y empieza a comerse la carne asada, comienza la barbarie”. Esta es la frase que escribió José Vasconcelos, sobre la cual se ha hilado una red nacional de interpretaciones y mitos, que por espacio no relato.

Lo importante es que acá los civilizados del norte repelemos los agravios con buen humor, aunque muramos abatidos de la risa, pues vaya que nuestra vida se transformó.
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