×
Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre "Catón"
ver +

" Comentar Imprimir
04 Septiembre 2014 04:10:54
Los coches al pie del asta
Dulcilí, joven soltera, le dijo a su mamá: “Estoy embarazada, y tú tienes la culpa”.

“¿Yo? -se azoró la señora-.

¿Cómo puedes decir eso? Muchas veces te hablé del acto de la procreación; te lo describí detalladamente; te hablé de sus posibles consecuencias y de la manera de evitarlas.

Incluso te compré libros que tratan de ese acto”.

“Sí -reconoció Dulcilí-.

Pero no me enseñaste otras habilidades para sustituirlo”.

Avaricio Cenaoscuras, hombre cicatero, estaba leyendo el periódico (todos los días se lo pedía al vecino).

Le dijo a su mujer: “¿Sabías que en los países subdesarrollados la alimentación diaria de un niño cuesta un dólar?”.

“Increíble” -comentó la señora.

Preguntó Avaricio: “¿Qué te parece si mandamos a los niños a algún país subdesarrollado?”.

Doña Macalota, esposa de don Chinguetas, sufrió una grave intervención quirúrgica, y durante varios días tuvo que ser alimentada por vía rectal.

Cierta mañana su marido fue a visitarla, y se sorprendió al verla moverse en la cama con singulares ondulaciones de cadera, cual si estuviera bailando zumba, mambo, salsa, lambada, hip-hop, soca, merengue, samba o chachachá.

Le preguntó asombrado: “¿Qué haces, mujer, moviéndote en tal forma?”.

Respondió ella sin dejar de menear el caderamen: “Estoy mascando chicle”.

Lo que en imagen pudo haber ganado Peña Nieto con su mensaje a la Nación lo perdió por el indebido uso que se hizo del Zócalo como estacionamiento.

Es increíble la forma en que la torpeza de algún empleado de ínfima categoría puede dañar al más elevado superior.

El Zócalo es el corazón de la República.

Es sitio profundamente mexicano, entrañablemente popular.

No es propiedad de los políticos ni de sus chalanes: Pertenece al pueblo.

Sirve lo mismo para el Grito que para el grito; en él se oye tanto la mentada de madre como el Himno Nacional, igual la palabra de iracundia que la armonía del canto.

Haber usado ese lugar de historia como estacionamiento para coches fue degradarlo, necia acción que demuestra al mismo tiempo la escasa mentalidad de quien la ordenó y su prepotencia.

Triste, muy triste fue, e indignante, haber visto coches estacionados al pie del asta de la bandera nacional.

El Gobierno de la República actuó bien al haber asumido la responsabilidad por ese hecho a todas luces reprobable, y al disculparse y prometer que lo sucedido no se repetirá.

El daño, sin embargo, está causado ya, y es irreparable.

Los malquerientes de Peña Nieto le enrostrarán una y otra vez el yerro, como si él fuera responsable directo del desaguisado, y el acontecimiento se presentará como una metáfora del régimen según la cual los detentadores del poder hacen uso a su capricho de un bien valioso que pertenece a todos los mexicanos y lo emplean, casta privilegiada e inconsciente, para su comodidad.

Los actuales capitostes ya no podrán reprocharle a López Obrador haber tomado el Paseo de la Reforma: Ellos tomaron el Zócalo.

Qué pena. Augurio Malsinado es un perdedor nato.

Hizo en su casa una alberca al aire libre, y se le quemó.

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, describió la forma en que había cortejado a Susiflor, linda muchacha.

Dijo: “Fue igual que la operación Rápido y Furioso.

Yo actué rápido, y ella se puso furiosa”... Hamponito, el hijo del narco de la esquina, le propuso a un amigo, adolescente como él, que se dedicaran a robar autos.

Objetó el amigo: “No tenemos licencia de manejar”.

“No importa -replicó Hamponito-. Los robamos con chofer”.

La encargada de la taquilla del cine recibió una llamada telefónica.

Era una señora que quería saber el costo del boleto. “30 pesos” -le informó.

Preguntó la mujer: “Y el boleto de niños ¿cuánto cuesta?”.

“Lo mismo -le dijo-. 30 pesos”.

Opuso la que llamaba: “En el avión los niños pagan la mitad”.

Sugirió la taquillera: “Venga usted al cine, y a los niños póngalos en el avión”.

Se casó Flordelisia, muchacha que sabía muy poco acerca de la vida, pues toda se la había pasado manejando los artilugios electrónicos de moda.

Gozó cumplidamente los deliquios de himeneo, que encontró asaz deleitosos y placenteros.

Acabado el primer trance de amor apasionado le preguntó inmediatamente a su exhausto maridito al tiempo que le hurgaba la entrepierna: “¿Dónde está el botón de repetir?”.

FIN.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2