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Juan Latapí
Juan Latapí
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08 Octubre 2017 03:10:00
Los de segunda
NOS GUSTE O NO, HAY gente de primera y de segunda a pesar de que la Ley diga que ante ella todos somos iguales y que también la religión predique la igualdad, simple y sencillamente eso no es cierto. Desafortunadamente la igualdad no pasa de ser un mito.

POR LO GENERAL ES el dinero el que marca la diferencia entre la gente de primera y de segunda. Ya sea por tener un automóvil de lujo o viajar en camión; vivir en alguna zona residencial exclusiva o rentar un cuarto en alguna colonia popular; viajar en primera clase en un avión o en autobús, vacacionar en algún paraíso o simplemente no poder salir de vacaciones. HASTA EN LO QUE se come y la forma de vestir la desigualdad ahí está.

HAY CIUDADANOS de primera y de segunda cuando vemos a diario a quienes cometen una falta de tránsito y por tener influencias, ser allegados a un funcionario sindical o trabajar en algún medio de comunicación, son indultados y rara vez sancionados. En cambio a cualquier hijo de vecino, al pasarse la luz ámbar, o traer aliento alcohólico, está condenado a pagar una multa o arreglarse con la autoridad, como cualquier ciudadano de segunda.

TODOS HEMOS SIDO tratados como gente de segunda más de una vez al estar formados hacienda fila para hacer algún trámite en una dependencia o un banco, soportando la lentitud y la displicencia de quien despacha, cuando sin más alguien llega sin formarse y es atendido por ser conocido o cliente preferente. Pocos se quejan y prefieren resignarse a ser ciudadanos de segunda.

TAMBIÉN EN LAS escuelas hay alumnos de primera y de segunda. Cuando un alumno, por burro que sea, resulta ser hijo de algún influyente político o magnate, y aunque falte a clase jamás reprueba y hasta se puede dar el lujo de ofender y agredir a sus maestros con toda impunidad. En cambio el resto de los alumnos es tratado sin consideraciones y deben aprender a resignarse a ser alumnos de segunda.

ACABAMOS DE VER cómo también en el teatro electoral hay candidatos de primera y de segunda. Los candidatos independientes tienen que sortear trabas y trámites sin fin para poder registrarse y dar a conocer sus propuestas, en cambio los candidatos de los partidos oficiales, además del subsidio económico que perciben, gozan de menos requisitos y pueden infringir la Ley sin riesgo a perder su registro, y por el contrario, gozan de todo el apoyo del Estado.

POR SU ASPECTO TAMBIÉN hay gente de primera y de segunda. Quienes tienen facciones indígenas son vistos con desconfianza y menosprecio; a la fecha la palabra indio se utiliza como insulto. En cambio la gente rubia, con aspecto de actor de TV, rara vez es molestada y discriminada, asumiéndose como ciudadanos de primera, mientras que prietos, chaparros y gordos deben resignarse a ser gente de segunda.

DESPRECIAR Y OFENDER a quienes son diferentes es una costumbre. La gente con algún defecto físico, la que tiene preferencias sexuales diferentes o padece Sida, continuamente es ofendida, blanco de burlas y discriminada. Deben resignarse a ser gente de segunda.

QUIEN TIENE UN título universitario cuenta con más probabilidades de ser tratado o contratado como gente de primera, y no se diga si tienen algún tipo de influencia. Mientras quienes no tienen títulos, aunque sepan más, tengan mayor experiencia y sean más inteligentes, tienen que resignarse a ser tratados como gente de segunda.

DESDE LUEGO QUE TAMBIÉN en las empresas, clubes e instituciones también hay personas de primera y de segunda. Empleados de primera son el amigo del dueño y el recomendado; no importa que su capacidad deje mucho que desear y sólo nade de muertito, creyéndose de primera, mientras el resto, haga lo que haga, será tratado como gente de segunda.

Y QUIENES NOS OFENDEMOS ante la injusticia de hacer menos a los demás, de tratarlos como gente de segunda, tampoco estamos libres de culpa. No conozco a alguien que comparta su mesa con la sirvienta que hace el aseo de su casa y mucho menos permitirle usar su baño. ¿Por qué?

POR SUPUESTO QUE EN todas las sociedades siempre han existido diferencias entre sus integrantes, sin embargo en México aún no hemos podido superar las castas que desde hace siglos persisten injustamente enseñoreando la desigualdad.

Mientras persistamos en ver sólo por nuestros intereses particulares, por encima de los intereses comunes, continuaremos siendo cómplices involuntarios para que siga habiendo gente de primera y de segunda. No vale quejarse luego de que en un descuido nos empiecen a tratar como gente de tercera.

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