×
Paúl Garza
Paúl Garza
ver +

" Comentar Imprimir
03 Mayo 2018 04:00:00
Los demagogos, campañas y elecciones
México es un país republicano y democrático, así dice la Constitución. Eso se presume en el exterior, pero en el interior es una mezcla no escrita ni reconocida de monarquía, aristocracia y conservadora, por decir lo menos, porque el poder cambia, pero entre las manos de una minoría, mientras la masa popular, nada más permanece adormilada.

Ahora que iniciaron de lleno las campañas políticas para alcaldes, legisladores y presidente de la República, la recomendación reiterativa para los ciudadanos en edad de votar, con su respectiva credencial es salir a cumplir con ese deber moral de elegir a quienes los representarán.

Sin embargo, no está por demás subrayar la importancia de analizar al candidato y al partido que lo postula en sus pretensiones por ocupar una regiduría, el cargo de presidente municipal, diputado federal, senador y el puesto de Jefe de la Nación.

Varios puntos hay que tomar en cuenta no solamente las propuestas o los temas, sino también la solución creíble, razonable y al alcance del presupuesto, porque tampoco se trata de construir castillos en el aire, sino apegados a la realidad, medibles y aterrizables.

Prometer no empobrece, pero realmente es engañador atraer los votos, esa es precisamente el lado contrario de la democracia, la demagogia.

En lo personal concuerdo con politólogos al señalar que en este periodo electoral, la ciudadanía tiene la oportunidad no solamente de conocer la oferta política, sino también la de cuestionar y preguntar el método, el procedimiento y las gestiones que realizarán para cumplir con esas promesas.

El poder reside en el pueblo, porque reitero, por ser un país republicano y democrático la forma de gobierno, tenemos el derecho a elegir, es un derecho inalienable e individual y al final, de acuerdo al sentir de la mayoría, el resultado de quien nos gobierne, está en su decisión.

Se pretende que bajo este sistema el pueblo sea representado dignamente para su propio bienestar, en su seguridad y en la satisfacción de sus anhelos, de lo contrario, será un fraude para quienes depositaron su voto, su confianza y sus esperanzas.

Esos son los riesgos de la democracia cuando se vota más por la apariencia y por el dinero, no por la capacidad y el proyecto del candidato, al elegir a un vividor más de la política en el poder que llegó gracias al engaño de un pueblo ignorante.

Por cierto, democracia también son derechos humanos y libertad de expresión, pero serán temas que abordaremos en próximas colaboraciones, ahora solo me referí y espero haber puntualizado en la necesidad de que los votantes elijan a un estadista y no a un populista.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2