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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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31 Octubre 2016 03:00:00
¡Los derechos humanos no son una moda!
Todas las personas deben y necesitan saber qué son los derechos humanos; por qué los tienen, para qué sirven y qué implican. Es esencial. No tanto para dominar alguna de sus nociones doctrinarias, definiciones legales o interpretaciones jurisprudenciales, sino para respetarlos. Pues, como bien se dice, no se puede estimar aquello que no se conoce. Si se quisiera sintetizar en una palabra la enorme carga que traen consigo los derechos humanos, bien podría emplearse la de “garantías”, atendiendo a una de las definiciones literales de este término: “cosa que asegura y protege contra algún riesgo o necesidad” (RAE, 2016).

Los derechos humanos tienen por objeto asegurar que todas las personas cuenten con las condiciones mínimas indispensables para vivir con dignidad y poder desarrollarse, así como protegerlas contra conductas, acciones u omisiones que amenacen o transgredan esa dignidad y que limiten u obstaculicen ese desarrollo.

Cuando platico con amigos periodistas, con políticos o con mis alumnos, es común que al tocar el tema de los derechos humanos me digan que se trata de un asunto que la gran mayoría de la gente desconoce y que, incluso, poco le interesa.

Desafortunadamente es cierto. Las generaciones actuales se caracterizan por estar inmersas en una dinámica en la que las cuestiones esenciales pasan cada vez a un segundo o tercer plano. Hoy interesa sobre todo lo superficial, lo banal, lo que no signifique hacer mucho esfuerzo para disfrutar “las cosas de la vida”. Pero, paradójicamente, en esas cosas, en lo cotidiano, es en donde más impacta el conocimiento o la ignorancia de los derechos humanos.

Los derechos humanos, vistos como tales, tienen antecedentes muy remotos, prácticamente desde el año 1215. A lo largo de la historia de la humanidad a los derechos, de todo tipo (hay derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales, de los pueblos, de solidaridad, etc.), se les han puesto diferentes nombres y apellidos (como derechos naturales, derechos públicos subjetivos, libertades públicas, garantías individuales), dependiendo de su dimensión y del aspecto que se ha querido enfatizar. En cuanto a la nomenclatura “derechos humanos”, ésta comenzó a popularizarse y, principalmente, a transformar la forma de concebir el derecho, desde 1948, con la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos (recomiendo leer el libro Un mundo nuevo. Eleanor Roosevelt y la Declaración Universal de Derechos Humanos, de Mary Ann Glendon, FCE, CDHDF, UP, 2011).

Los derechos humanos se reconocen con el propósito de hacer inmunes a las personas frente a faltas graves de las autoridades y de las demás personas; como un escudo para blindarlas universalmente, todo el tiempo y en todo lugar, independientemente de cuáles sean las ideas de los miembros de una sociedad en un momento determinado y de quiénes sean sus gobernantes. Los derechos humanos están por encima de todo porque la persona está por encima de todo.

Aunque esta definición puede parecer trillada y redundante es clara y útil: los derechos humanos son los inherentes a la persona por el hecho de serlo. Así de simple, son los derechos que todos los humanos tienen, en el mismo grado; que no se pueden negar, condicionar y que son irrenunciables ¿Como cuáles? El derecho a la educación, a la libertad de expresión, al libre tránsito, al cuidado de la salud, a un medio ambiente sano, así como todos los que se encuentran expresamente reconocidos por el derecho.

En el caso de México, podemos decir que los derechos humanos han atravesado por tres etapas: 1) en 1981, cuando entró en vigor para nuestro país la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y prácticamente nadie se percató de ello y nada cambió; 2) en 1990, cuando se creó la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y se arraigó entre la sociedad la idea equivocada de que se trataba de “los derechos de los delincuentes”, y 3) en 2011, cuando expresamente se reconocieron en la Constitución mexicana los derechos humanos (de fuente nacional e internacional) de todas las personas, y desde entonces se popularizaron otras dos falsas creencias: que son “los derechos de ciertos grupos de personas en condiciones de vulnerabilidad”, y que se tratan de una moda, o sea, “de una novedad”, algo que estará temporalmente en boga.

Hugo Ramírez García apunta que el término “derechos humanos” se utiliza, al menos, en dos acepciones: como instrumentos para limitar y controlar la acción del Estado, y como brújula de los esfuerzos sociales para conseguir el bien común. Si bien todas las personas están obligadas jurídica y legalmente a respetarlos, es esencial que no solamente lo hagan por temor a recibir un castigo, sino por un convencimiento pleno, es decir, por estar seguros de que es inadmisible y hasta impensable transgredir un derecho de este tipo.

¿Por dónde empezar? Por ver a los demás como iguales a nosotros; por conocer todos los derechos y reflexionar sobre lo que significan; por hablar con nuestras familias y amigos sobre los derechos humanos y su importancia; por no afectar a otras personas desde lo más básico (no discriminando, no degradando, no ofendiendo, no prejuzgando, no maltratando, no cometiendo actos de corrupción, etc.), y denunciando las violaciones que nos consten.

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