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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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02 Febrero 2018 04:00:00
Los enemigos de Andrés Manuel
Después de dos derrotas electorales consecutivas, pareciera que ahora sí, Andrés Manuel López Obrador podrá cumplir su anhelo de gobernar México, y es que hasta hoy, la mayoría de las encuestas serias lo colocan como el favorito del electorado.

Como ejemplo: las últimas dos encuestas, publicadas por El Heraldo de México y El Economista, las cuales en su análisis afirman que hasta estos días, ni José Antonio Meade (PRI-PVEM-Panal), ni Ricardo Anaya, candidato del PAN-PRD-MC, han podido desbancar del primer lugar al candidato de la coalición (Morena-PT-PES), según lo muestran sus resultados.

Sin duda, mucho ayudan a las deducciones que arrojan las encuestas la mala reputación del actual Gobierno mexicano, su equivocado actuar en los últimos 5 años y los escasos resultados que han dado a los ciudadanos, esto por parte del PRI; por el PAN, el imperdonable desperdicio de una oportunidad histórica –la de la transición democrática– al gobernar “igual o peor” que el PRI: sin proyecto, con la misma corrupción, sin rumbo.

Así pues, la candidatura de AMLO, parece ir con viento en popa como para llevarlo a la meta sin mayor dificultad.

Sin embargo, debemos recordar que este mismo escenario observábamos en las dos últimas elecciones presidenciales, en las cuales, por estas mismas fechas, Andrés Manuel, lideraba encuestas que, luego de sus desaciertos, comenzaron a abandonarlo.

No omito reconocer que ahora politólogos e historiadores aseguran que en esta ocasión, las cosas son distintas, y que “El Peje” no es el mismo de antes; como tampoco lo es la estructura política que lo apoya, por lo que se debe abandonar la idea de que el candidato repita errores que lo lleven a perder la ventaja que ahora mantiene.

Ante tales aseveraciones, a los ciudadanos nos asalta una duda enorme: ¿qué podría vencer a AMLO?

Para quien esto escribe, al candidato Andrés Manuel sólo lo podrán vencer dos cosas: la enorme cantidad de recursos, tanto económicos, como en estructura burocrática, que comúnmente el partido en el poder pone a disposición del candidato oficial, tanto a nivel federal como estatal, incluidas las de las autoridades electorales, las cuales evidentemente no han sido nada imparciales, en sus últimas resoluciones.

Y la segunda: su equipo de campaña, el cual se conforma por operadores con poco tiento en la mayor parte de los estados, los cuales se erigen como dueños prematuros del poder, decididos a acaparar todos los escaños que significa la Administración federal, incluyendo los puestos de elección popular, los cuales ya se reparten a discreción, negando con esto la oportunidad a todo aquel que decida no servir de rodillas a sus intereses personales.

Y es que la postura tirana de quienes se dicen operadores del candidato en estados como Coahuila, Baja California Sur, Tabasco, Quintana Roo, Sinaloa y algunos municipios en Querétaro ha hecho vacilar la permanencia de la coalición Juntos Haremos Historia, la cual, aunque poco apreciada por estos voraces operadores, servirá de mucho para el triunfo del tabasqueño, dado que si bien es cierto que ahora ocupa el primer lugar en las encuestas, también lo es que su popularidad ha llegado al techo, por lo que sólo esta estrategia de alianza podrá alimentar su candidatura con votos frescos, por representar la apertura a otras corrientes políticas con ideologías diversas.
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