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05 Octubre 2014 03:30:25
Los griegos en la mesa
Por Laura Pérez Sandi Cuen

Quizás el más famoso de los banquetes de la antigüedad fue el banquete en casa de Agatón que nos describe Platón en su diálogo Simposio o de la Erótica, en el que el más sabio ateniense, Sócrates, nos dijo lo que es el amor. Pero ¿qué hay detrás de las comidas griegas comunes, menos filosóficas?

En la Grecia clásica, inicialmente, se organizaban sencillos banquetes para ofrecerlos en honor a los difuntos. Durante ellos se sentaban y comían en taburetes; más adelante estilaron comer recostados, apoyados del lado izquierdo del cuerpo. El banquete no era una comida en sí, sino una reunión social e intelectual donde se bebía vino. Los festines se realizaban en casas de prostitutas a las que los hombres pagaban por entrar y que se conocían como simposios –del gr. συμ, con y πο ́ σιον, beber, que significa beber al mismo tiempo y que, por extensión, pasó a significar festín o banquete. Éstos constaban de varias partes: un brindis y enseguida una comida, ya sin vino. Mientras comían era importante la conversación, escuchar música acompañada por representaciones escénicas y respirar un ambiente impregnado del aroma de diversas esencias.

Antes de comer se lavaban las manos y los pies. Los servicios iban poniéndose en orden sobre una mesa baja y sin mantel, que era lavada al finalizar cada uno. Comían con los dedos y como no acostumbraban usar servilletas, se limpiaban con migas de pan, que una vez saturadas de grasa, arrojaban a los perros. El primer servicio o tiempo se componía de mariscos, huevos y embutidos; el segundo consistía en carne, volatería, pescados y una extensa variedad de guisos y legumbres. La comida era muy condimentada y salada para que a los comensales les diera sed y prepararan su paladar para las siguientes degustaciones.

Terminando de comer, se lavaban en un aguamanil ofrecido por esclavos y después los sirvientes vertían vino en ritones –copas con forma de cuerno, sin base, hechas para pasarse de mano en mano– y brindaban con ellos. Entonces elegían con dados al συμποσιαρχος, simposiarca o “rey del banquete” que se encargaba de fijar la dosis de agua en el vino y el número de copas que cada invitado tomaría.

Durante la segunda degustación cantaban, tocaban la flauta, bebían vino –a razón de dos partes de agua y una de vino y, generalmente aromatizado y enriquecido con especias, miel, pétalos de rosa, violetas, entre otros– y comían frutas y bizcochos. En las degustaciones posteriores, primero bebían en copas pequeñas y después en otras de mayor tamaño, el contenido lo tomaban de un solo trago y lo ofrecían a la salud del comensal que se encontraba a su derecha.
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