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Juan Latapí
Juan Latapí
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17 Diciembre 2017 03:10:00
Los improvisados al poder
AQUÍ ESTAMOS, SENTADOS CÓMODAMENTE, ESPERANDO que de repente aparezca alguna solución mágica para remediar la situación que actualmente padecemos y que persiste gracias gentil patrocinio de nuestra clase política.
EL HASTÍO Y EL DESCONTENTO general crecen a pesar de la apatía; la insaciable corrupción, encadenada a su siamesa impunidad, ya nada las detiene; y para acabarla, la voracidad de los partidos políticos por conservar sus privilegios nos han hecho creer que la democracia no funciona.

EL DETERIORO ECONÓMICO QUE AFECTA a los bolsillos junto con la inseguridad, que está tomando su segundo aire, se suman peligrosamente a la incapacidad de esa clase política que –cuando no cínica- le vale y no le importa lo que pensamos, aunque ya no le creamos su verborrea ni a su propaganda engañosa.

ES CIERTO QUE LOS MEXICANOS nos caracterizamos por el ingenio, malicia e improvisación que permiten resolver diferentes situaciones, desde el alambrito en el motor del coche hasta los grandes remedios caseros, pasando por los albures; para improvisar nos pintamos solos. Este ingenio funciona para salvar el día en la casa, en la calle y a veces hasta en la chamba, pero no sirve para gobernar a un pueblo y mucho menos a una nación.

EN BUENA MEDIDA, UNA DE las causas de esta crisis son los funcionarios improvisados, carentes de la preparación profesional, experiencia, conocimientos y capacidad para afrontar y resolver las diversas situaciones. Pero principalmente su incapacidad para aportar y transformar nuestra realidad.

EN ESTOS DÍAS ESTAMOS VIENDO cómo en el primer círculo de gobierno de nuestro estado persisten en puestos claves los funcionarios improvisados y, por ello, de nada sirve esperar resultados satisfactorios y efectivos, sería como pedirle peras al olmo.

Tal parece que ya es una tradición ver secretarios que van y vienen –reciclados, pues-, que tienen una trayectoria en campos muy distintos al cargo que ocupan. Y ni que decir a nivel municipal donde los improvisados también abundan. Esperemos que la próxima administración local rompa con esta nefasta tradición.

A ESTA CASTA DE IMPROVISADOS no les importa si la riegan y si afectan a terceros. Desde diputados, alcaldes, jueces, gobernadores, secretarios hasta policías de crucero, simple y sencillamente les valemos y no es raro escucharles decir “háganle como quieran”. Son parásitos del poder que solo buscan su beneficio personal.

SEGÚN EL DICCIONARIO, IMPROVISAR ES hacer algo de pronto sin estudio ni preparación. ¿Dónde están la preparación, la capacidad y conocimientos de estos funcionarios, que de pronto fueron beneficiados por el dedazo divino?

Y EN EL SECTOR PRIVADO tampoco se cantan mal las rancheras. Basta ver empleados de gris procedencia burocrática, que pasan a ocupar algún cargo en una institución donde lo único que hacen –además de cobrar- es deteriorarla, sin proponer ni aportar; mediocres, nadando de muertito y soñando alcanzar algún hueso. Es cierto, la culpa no la tiene el indio sino el que lo hace compadre.

TODO HACE SUPONER QUE ESOS improvisados de la clase política, carentes de experiencia y conocimientos –todólogos, a final de cuentas- están ahí por motivos de cuotas y cuates. Suelen sentirse intocables y saben que están en una carrera contra reloj para lograr su beneficio personal valiéndoles el bienestar común. A final de cuentas se manejan bajo la premisa de que robar no es malo, malo es que te cachen.

ES IMPORTANTE ACLARAR QUE, POR el contrario, improvisar en el campo del arte es una muestra de creatividad. Ya sea en el teatro, la danza y principalmente en la música –como el jazz-, sin embargo, aún así, se requieren talento y preparación. Incluso hasta para pronunciar un discurso.

IMPROVISAR, COMO ACTIVIDAD ARTÍSTICA, ES actuar de una forma espontánea sin un guión, ya sea por necesidad o diversión. Wayne Dyer, autor de Tus Zonas Erróneas, define la espontaneidad como la habilidad de ser capaz de ensayar cualquier cosa de repente, tomando la decisión de hacerlo en un momento simplemente por que es algo que te gusta y puedes disfrutar.

PERO IMPROVISAR COMO ESTILO DE trabajo, como una forma de ser, resulta crítico en varias profesiones, como los médicos, profesores y gobernantes. Nuestra clase política no quiere darse cuenta que su nivel de improvisación cada vez más se asemeja al traje del emperador. Por ningún lado se percibe que se preparen para poder cumplir; para lo único que se están preparando es para chapulinear, o bien, preparándose para, una vez que culmine su periodo, retirarse para disfrutar de sus bienes dudosamente adquiridos, disfrutando escandalosamente la impunidad que ellos mismos han forjado para su protección particular.

ESTAMOS INVADIDOS POR TODÓLOGOS EN todos lados, vivimos la era de los improvisados y lo que ello implica. Y ahí están las consecuencias.

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