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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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25 Septiembre 2017 04:00:00
Los otros terremotos
Este es el año de los terremotos. No solamente padecimos los movimientos geológicos. También nos estremecieron los terremotos causados por las redes sociales.

El ambiente que crearon fue tan caótico como los primeros minutos de los sismos, porque se empezaron a construir noticias, a partir de datos reales, que acabaron siendo hechos tan lejanos de lo ocurrido que parecían diferentes acontecimientos: lo que estaba pasando era en ocasiones superado por los acontecimientos surgidos de la fantasía de los redactores.

Ya diferentes medios hicieron recolección de las distintas notas y sus consecuencias, que en ocasiones incitaban a colaborar en zonas de desastre que no requerían ayuda, de peligros presentes en determinados sitios que no habían sido corroborados, como la inexistente caída de puentes, la presencia de personas atrapadas en edificios colapsados (la noticia de Frida Sofía se cuece aparte, porque a partir de una percepción errónea de dos rescatistas, una gran televisora se enfangó hasta las orejas por no corroborar la nota y después los enemigos del régimen lo capitalizaron al máximo), o los rescates frustrados por acciones de buena fe, como el que impidió rescatar al cuerpo de Laura Ramos, porque un abogado interpuso amparo contra la maquinaria que él creía era para llevarse los escombros y en realidad era para rescatar a la señora.

Y en eso de que las máquinas entraban a limpiar sin respetar la vida o los cuerpos de quienes estaban ahí sepultados, desató un estado de histeria, casi de psicosis, sin que fueran más que rumores propagados de boca en boca y claro, por las redes sociales.

Muchas notas más fueron ampliamente compartidas, como la del gran terremoto que partirá al país, el rescate del bebé en los escombros, una gran cantidad de edificios colapsados, las donaciones urgentes de sangre, la muerte del perrito rescatista o el derrumbe del Plaza Condesa (¿mas detalles? Uno TV).

Las redes sociales se aprovecharon (sin voluntad consciente… aún) del disfrute que causan las noticias sin importar su veracidad y sin querer que se corroboren, sino que emocionen. Este es el concepto de postverdad de la era de Trump, que parece ya está tomando presencia en todos los ámbitos de la vida.

Ya no es necesario, con base en ese concepto, corroborar las noticias, solamente esperar que se parezcan a la verdad y si no son exactas, es que las personas que dudan de la nota lo hacen así porque son enemigas.

Pero las personas que estaban muy pendientes a las noticias en redes sociales las creían porque deseaban creerlas, para poder justificar sus temores y necesidades de placer insatisfechos, pues las notas alarmistas les hacían corroborar su concepción interna del terremoto provocando descargas de ansiedad y su angustia personal que se canalizaba hacia el presente, confirmando sus más arraigados temores en ese fenómeno perceptual que se ha llamado sesgo de confirmación, placentero como pocos en ese instante, pero que alimenta grandemente la angustia.

Y están pendientes de las redes sociales aquellas personas que solamente escogen algunas noticias, las que corroboran sus esperanzas e ilusiones, afectando a la comprensión del entorno completo, mecanismo llamado percepción selectiva, que fue el usado por los millones de espectadores del fenómeno televisivo llamado Frida Sofía, calmado después por la perra rescatista del mismo nombre, Frida, miembro de la Marina Armada de México, esa sí con existencia de verdad.

Y quien más, quien menos, el ambiente produjo una gran influencia en la transformación del comportamiento de los individuos, provocando ese sesgo perceptivo llamado efecto de percepción ambiental, que a muchos los hizo explotar en conductas antisociales y empezaron a saquear no solamente las casas y los edificios colapsados, sino todo aquello que estaba a su alcance, evocando a aquella noche del 13 de junio de 1977, en que Nueva York quedó a oscuras por un inexplicable apagón que ocasionó que la gente saqueara, matara, violara y lo que para unos fue su peor pesadilla, para otros fue la realización de un sueño.

Pero el efecto de percepción ambiental también disparó las conductas altruistas, donde las personas daban un plus que ni ellas mismas eran capaces de creer, se emocionaban hasta las lágrimas por un rescate, aun cuando fuera de un cuerpo sin vida o se introducían en los edificios a punto de colapsar aun a riesgo de su propia vida.

Todos aquellos dominados por el efecto de percepción ambiental mandaron víveres, los llevaron y muchos hubieran querido integrarse a las labores de rescate.

Los que no estábamos ahí sin estar sometidos a esos sesgos perceptuales pudimos captar aquello gracias a una serie de canales de televisión que mostraban gran parte de los acontecimientos (siempre condicionados por la visión del camarógrafo) pero que permitieron tener consciencia de la magnitud de la tragedia y del heroísmo de los seres humanos, pero también de los sesgos de percepción que nublan sus resultados.
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