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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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15 Enero 2017 04:07:00
Los primeros tuits
Pues bien, después de mis, cómo dije hace casi un mes al despedirme temporalmente, no sé si “merecidas”, pero sí necesarias vacaciones, aquí me tienen de nuevo. Afortunadamente se nos permitió salir con vida del terrible 2016 –aunque sólo en algunos aspectos– y ya andamos con renovados bríos tratando de disfrutar de lo que nos gusta hacer, es decir, en plan sibarita.

Y entre esas cosas, de las muchas que nos gusta hacer, para nadie de ustedes, mis amables lectores, es un secreto que el que esto escribe gusta de “invertir su tiempo” en una de las redes sociales –en relación con las muchas que existen– que es Twitter. Y precisamente dicha red social dio pie a esta columna –y seguramente algunas más– porque en días pasados, para ser exacto el 12 de los corrientes, señalaba una de las cuentas que sigo que en tal fecha se conmemoraba un aniversario más del fallecimiento de Ramón López de la Serna, padre de las “greguerías”, definidas estas por el dueño de dicha cuenta como “tuits” de cuando no existía Twitter.

No voy a meterme en la presente a discernir sobre dicha figura y mucho menos sobre la definición en comento. Tampoco traigo textos de López de la Serna ni datos sobre su persona. Simplemente usé la anécdota para, con dicho pretexto, ahora sí hablar de un tema que desde siempre me ha gustado y es precisamente el de los aforismos, máximas o sentencias a quien igualmente, de manera involuntaria, desde mi ingreso a la multimencionada red social, por referencia de manera similar denomino “los tuits de cuando no existía Twitter”.

Autores hay muchos, pero en esta ocasión les traigo uno cuyo trabajo me pareció excepcional y se trata de Santiago Rusiñol, barceloneta nacido en 1861 –hace algunos ayeres– que curiosamente fue todavía mejor pintor y teatrista que epigramista. Aquí dejo algunos epigramas, extraídos del libro Máximas y Malos Pensamientos, publicado en 1927. Espero los disfruten:

Al trabajo lo llaman virtud quienes no tienen que trabajar, para engañar a quienes les hacen el trabajo.

El obrero se jacta dignamente de ser obrero y hace todo lo posible para no serlo.

El día en que triunfase el obrero, lo primero que harían muchos sería dejar de serlo.

El pueblo siente más admiración por quien se ha hecho rico explotándolo que por quien se arruina para servirlo.

Quien vende el voto sabe lo que lo da; quien lo regala no sabe lo que ha pescado.

El triunfo de las mayorías no es razonamiento, son empujones.

Una revolución es el triunfo de los ambiciosos de abajo, sobre los perezosos de arriba.

Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla.

Hay dos formas de triunfar: inspirando compasión o provocando envidia. Pero la envidia es más duradera, porque el envidioso tiene mayor constancia.

Los hombres conquistan a las mujeres para poder contárselo a los amigos. Las mujeres conquistan a los hombres para poder escondérselo a las amigas.

Las mejores cartas de amor son las que escriben quienes no están enamorados.

La mujer es como el violín, que afina o no según quien la toca.

Los bebedores de alcohol malgastan su vida. Los de agua la conservan para luego no saber qué hacer con ella.

Al que inventó el alcohol deberían hacerle un monumento. A los tristes los pone alegres y a los malos los convierte en idiotas.

Quien se llama a sí mismo librepensador no es ni suficientemente libre ni suficientemente pensador.

Las mujeres se pintan para que no vean lo que hay debajo.

Para que la mujer pueda defenderse, la Madre Naturaleza, siempre previsora, le ha puesto uñas en la lengua.

Engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil; por eso ser orador tiene menos mérito que ser abogado o curandero.

Cuando un hombre pide justicia quiere decir que le den la razón.

Los gobernantes siempre son malos, pero son lo más selecto del pueblo.

Los regalos que hacen los grandes millonarios a la humanidad no suelen ser regalos, sino propinas.

Las mujeres anuncian el escote como quien anuncia un aperitivo.

El matrimonio es complicarse la vida; el divorcio es volvérsela a complicar.

La luna de miel es la peor época del matrimonio. Es como el ensayo de la comedia, cuando deben congeniar los caracteres. El estreno viene con el primer hijo. El fracaso puede llegar a cualquier hora.
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