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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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29 Julio 2018 04:00:00
Los riesgos que se avizoran
Poco a poco, aunque ya podían adivinarse anticipadamente, se van definiendo los perfiles de algo que puede fácilmente convertirse en aquello que la doctrina llama “tiranía de las mayorías”, tan ilegítima -aunque legal fuera- como cualquier otra clase de tiranía.

Aristóteles, frente al evidente parentesco semántico de los vocablos, hacía consistir la diferencia entre democracia y demagogia –la puerta de cualquier tiranía– en el hecho de que la primera, si bien se regía por la voluntad de los ciudadanos, lo hacía conforme a la traición y la ley, mientras que la segunda no.

Cuando se escucha declarar públicamente a quienes regirán las bancadas de Morena en las cámaras del Congreso de la Unión, y se atiende a los términos en que lo hacen, dada la clara mayoría en los cuerpos legislativos que tendrán a su disposición, incluso los locales, la probabilidad de que se tomen en cuenta los pareceres y opiniones de las minorías en los temas fundamentales da visos de una actualización mucho más cercana de lo deseable.

Eso es delicado, porque hay que recordar que desde el poder la capacidad de manipulación es de grandes proporciones, y el acceso a recursos económicos tan cuantiosos como los del erario federal la ensanchan todavía más. La tentación de usar esa posición en vías de mayoriteo no solo se acerca, sino que se advierte ya en esas voces que durante la semana se han dejado oír, por mucho que expresamente se predique lo contrario.

Al interés general le importa la integración de las voces minoritarias, que han de respetarse, más allá de la mera tolerancia, oyéndolas, evaluándolas, atendiéndolas en lo que proceda, y todo ello conforme a las reglas claras de una estructura jurídica que responda a la garantía igualitaria de las libertades y derechos de toda persona, porque ese un principio básico, universal e inherente a la condición humana.

La idea de “mayoría” corresponde a la necesidad de acudir a la representación política, jurídicamente establecida y regulada, en la que quienes son más, por medio del voto, definen la designación de aquellos que, en nombre y para garantía de todos, habrán de ejercer las funciones que atañen a la soberanía, ante la imposibilidad material de ser ejercida de manera directa.

Es claro que eso no pueden hacerlo vulnerando los derechos de quienes fueron los menos en el recuento, porque enfrentan los límites del “respeto” por ellos.

Recuerdo ahora palabras de Emilio Suñé, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense, cuando sostiene que cuando la mayoría dicta normas en el estricto ejercicio del poder, sin preocuparse de persuadir a la minoría, no hay ley, sino violencia.

Viene bien, según creo, dejar que sea el propio Suñé quien se exprese, como lo hace en su libro Teoría Estructuralista del Derecho: “...el Derecho y la propia ley, sólo pueden ser entendidos en sentido propio como Derecho justo, como una ley armónica con el orden universal. Hay un concepto ético del Derecho, que poco o nada tiene que ver con la voluntarista concepción al uso, basada en el poder, por mucho que sea el poder de la mayoría”.

Es en ese sentido, y no en otro, que la democracia debe entenderse como “gobierno de las mayorías, con respeto de las minorías”. Así de simple es la fórmula, aunque su aplicación ofrezca aristas y riesgos cuando median intereses distintos del que es general en la comunidad de base en el “estado de derecho”.

“Respeto” sin intolerancia, ahí está la clave de un buen gobierno. Mientras se mantenga esa regla, será posible aportar los medios necesarios para disminuir, y eliminar si fuera posible, las de-sigualdades de origen, como lo demanda el modelo de “estado social de derecho”, que tiene, por definición, la responsabilidad solidaria con los menos favorecidos.

Como siempre, este es un parecer que pretende sugerir reflexiones y nada más. Nos encontraremos nuevamente a tal fin, Dios Mediante, el próximo 12 de agosto. Felices vacaciones.
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