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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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16 Mayo 2017 03:00:00
Los tatuajes son peligrosos para la salud
¿Por qué gustan los diputados hacer gala de ignorancia? Asumiéndose científica social, la diputada Claudia Sánchez Juárez, del grupo parlamentario del PAN, presentó al Pleno de la Comisión Permanente una iniciativa para reformar la Ley General de Salud en materia de tatuajes, modificar la fracción XXV del Artículo 3 y aplicar sanciones administrativas y económicas a quienes introduzcan, adhieran o adjunten tatuajes promocionales a los productos de consumo humano.

Ella dio voz al diputado Elías Octavio Íñiguez Mejía y ambos hicieron gala de su saber diciendo que incitar a los menores a utilizar tatuajes (aun provisionales) “distorsiona su conducta respecto del cuidado, respeto y aprecio a su aspecto físico”, y aseguran que “gustar y exhibir los tatuajes, que hoy muchos de los niños y jóvenes portan, resulta inconcebible”; además de las consecuencias sociales, familiares, educativas, culturales y sicológicas que “implica a futuro efectos jurídicos y de tipo laboral”, criminalizando de antemano tal conducta. Dicen también que ayudan “al deterioro de los valores de la sociedad” y es “inconcebible” que existan muchos niños y jóvenes que tengan el gusto y “padecimiento de exhibir los tatuajes”.

Advierten que el uso de tatuajes provisionales se ha intensificado por la incursión de estilos y modas que llegan de otras latitudes y por el avance de la tecnología como el internet y las redes sociales, que influyen en la conducta de las nuevas generaciones, que no miden las consecuencias. Aseguran que “el fomento e incitación de estas prácticas a temprana edad constituye un factor de riesgo toda vez que los menores no poseen la madurez suficiente para asumir con plena conciencia y responsabilidad las consecuencias de sus actos en detrimento de su salud y limitar las posibilidades futuras en otros ámbitos”.

Y, ante esto, no es posible dejar de preguntarse ¿Lo dirían en serio? ¿No tienen ni la más remota idea de lo que significa el respeto a lo diferente o las consideraciones científicas del tatuaje? Una anécdota es oportuna. En una escuela de barrio, en la frontera, llega un niño cuyo brazo tiene un tatuaje. La maestra se escandaliza y llama a los padres, que llegan ambos completamente tatuados. La maestra entiende y lo que les dice son orientaciones para mejorar el aprendizaje del niño y facilitar su incorporación al grupo. Obviamente no era diputada panista.

La piel humana es el límite entre la persona y su entorno, entre su interior y lo externo. Y cuando las personas quieren protegerse de lo que sucede afuera de ellas, ya sea de la temperatura o de los peligros, se cubren con ropa, con armaduras o chalecos antibalas, o bien, cuando el peligro es más sutil, porque se deriva de la violencia simbólica o del imaginario social (de imágenes sociales que han sufrido un deslizamiento de sentido, dándoles nuevas significaciones angustiosas), se tatúan.

Los tatuajes tienen funciones de protección, de pertenencia, de identificación, como símbolo de identidad étnica o de ayuda a la memoria. Una piel tatuada es una piel marcada para siempre, aun cuando las modernas técnicas de cirugía estética pueden revertir ese proceso. El tatuaje se ha empleado para identificar prisioneros, como lo hacían en los campos de concentración nazis, poniéndoles un número, o bien en Francia con la flor de lis, para los indeseables, según relatan algunas novelas.

También funcionan para señalar la pertenencia a alguna secta o grupo secreto, al estilo de los tatuajes Kanji, que son una forma de escritura japonesa, o de la mafia nipona Yakuza, que identifican su posición por su número y complejidad. En otras culturas los tatuajes significaban la posición social que la persona tenía, como guerrero o como aristócrata. Los marinos y soldados se marcaron desde hace siglos con los datos de sus barcos o sus batallones de combate como una manera de pertenencia y un modo de ser identificados si morían en la batalla. Entre la Mara Salvatrucha el tatuaje significa haber superado el rito de iniciación.

Otra finalidad de los tatuajes es su uso como talismán, que protege del miedo y está en función de fórmula mágica, por lo que cada figura que alguien se tatúa en el cuerpo como protección, simboliza un hechizo guardián que lo acompaña siempre, teniendo un efecto de relajación en la persona que lo porta. La moda del tatuaje se está imponiendo nuevamente, pero los tatuajes nos han acompañado a lo largo de toda nuestra historia.

Finalmente, el buen diputado se arrepintió y pide retirar su propia iniciativa contra los tatuajes, a través de un escrito. El contenido era tan absurdo, que no requirió explicar los motivos de su solicitud.
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