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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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06 Marzo 2016 04:10:34
Lugar de pecado
La zona estaba por el rumbo de la Santa Emilia…

Altas paredes descascaradas, en obra gris sin enjarre, y encima sobresalen unos cuartos verdes, con el color a medio devorar por el sol del trópico.

Cuando pasábamos enfrente a bordo del camión, El Negrón me tomaba de la cabeza y me evitaba mirar hacia ese mítico lugar de pecado.

La zona… La zonaja…

Como si enfrente de mi casa no estuviera plantada la vieja cuartería en donde las muchachas recibían visitas de hombres quienes se medio cubrían el rostro.

El Neto era hijo de una de esas muchachas…

A sus tres años y medio llegaba corriendo con una revista bajo el brazo, nos llevaba hasta la parte baja de la cocina en donde nadie miraba.

Chibirico… Chéchere… Ganso…

Cuatro años nebulosos, y Neto abre la revista.

¡Mujeres peludas!… ¡Inmensamente peludas!


Nunca habíamos visto una mujer desnuda… ¡Nunca!

Solamente Neto… Sólo él sabía cosas que ninguno de nosotros imaginaba que pudieran existir.

Neto se baja el zípper, saca su diminuto chilillo y lo pone encima de la foto de la mujer desnuda… Y empuja…

“¿Qué hace este jijueputa?”… Chibirico pela los ojos.

“¡Se quiere mear en el papel!”

Ganso salió corriendo asustado… Chéchere hizo lo que no debía… ¡Gritó!… “¡Se te va a podrir el pito!” Entonces un rostro hartamente conocido se asomó por la ventana de la cocina.

Y allí estaba Neto con la revista de mujeres desnudas… El pito de fuera…

Bueno, aquella fue una cintariza… La primera que recuerdo a manos de El Negrón…

La que no entendí fue por qué.

Chibirico y yo terminamos en un saloncito junto al pastor de la iglesia que nos hablaba con suavidad sobre los pecados más sucios.

Pelábamos los ojos…

No entendíamos y él lo supo.

Nos llevó de vuelta, Meche estaba furiosa…

“¡Hijo de la gramputa!… Te voy a cortar el pito para que dejes de pensar en cochinadas”

Pero el pastor levantó la mano, pidió calma y habló con la mamá de Chibi… Con El Negrón y con mi Ma Linda.

Éramos aún inocentes de cuerpo y mente.

Decidieron que nunca más nos juntaríamos con Neto, porque él sí que estaba sucio de su cabeza por culpa de la profesión de su madre.

Hablaron con la dueña de la cuartería… Llamaron a Doña Muñeca, la mamá de Neto.

Si veían a Neto con nosotros la iban a mandar a la zona… ¡A la zona!

No queríamos eso.

Dos semanas Neto fue una sombra… Salía corriendo a la tienda y volvía sin mirar.

Hasta que encontramos la forma…

Caminábamos hacia el río… Con calzón para bañar, con toalla…

Por allá andaba Neto pescando acamayas, y nos juntábamos a tirar piedras a las paguas.

Entonces sacaba sus revistas…

Nos quedamos helados.

No… No eran las peludas.

Eran cuentitos con historias de santitos.

Sí… Después de todo, Neto terminó por convertirse en un niño misionero.

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