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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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12 Mayo 2018 04:00:00
Madre: Mujer maravilla
¿Cuánto tiempo emplearía Dios para darle forma a una madre? Seguramente es una pregunta que no tiene respuesta o si se le quiere dar, sin duda vendrán diversas opiniones.

Por mi parte, quiero pensar que cuando Dios creó a la mujer, Él deseaba un ser humano extraordinario, con gran sensibilidad. Quién mejor que una Madre. Y no se trata nada más de concebir sino también de manifestar ese instinto de mujer, que aún cuando su naturaleza no le ha permitido por cualquier circunstancia ser madre, se manifiesta como tal de diversas maneras.

Ser madre no significa nada más dar vida a otro ser, por supuesto que no; concebir un hijo, implica una gran responsabilidad, misma que se extiende conforme van creciendo los hijos.

La tarea de una madre es de todos los días y sin descanso; ella está consciente que traer un hijo al mundo significa un compromiso y lo acepta con verdadero estoicismo.

Por eso, no se limita en cuidados, en atenciones a su pequeño desde su nacimiento. Pronto se da cuenta que los hijos crecen con tal rapidez que cuando menos se piensa ya emprendieron el vuelo.

Es la ley de la vida, aunque para mí, emprender el vuelo no significa alejarse del todo de un nido, del hogar que por mucho tiempo nos cobijó, menos aún abandonarlo. Por supuesto que no.

Emprender el vuelo, considero, es utilizar las alas que los padres dan a los hijos: Les van enseñando a usarlas para luego volar.

Esas alas significan la formación que adquiere en el hogar, los valores que todos aprendimos de pequeños y que nos ayudarán a enfrentar lo que se nos vaya presentando en las diferentes etapas de nuestra existencia.

Cómo no admirar a esas maravillosas mujeres, no precisamente por ser el día dedicado a ellas sino por todo lo que MAMÁ nos dio y nos enseñó. Ella convirtió una noble tarea en verdadera profesión; aún sin la acreditación académica
Muchas mujeres, lo sabemos, no tuvieron una formación escolarizada muy amplia.

Algunas tal vez, ni siquiera aprendieron a leer y a escribir. Sin embargo, además de enviar a sus hijos a la escuela, se esforzaron para que ellos se convirtieran en profesionistas pero ante todo, en buenos seres humanos.

Ahí está la presencia de la madre en cualquier época. Se esfuerza por hacer de sus hijos, los mejores.

Su intuición de mujer, su sexto sentido o sentido común, su gran sensibilidad permite convertir un noble privilegio, como es la maternidad, en algo verdadero extraordinario.

Para una madre, lo sabemos, los hijos siempre serán “sus niños” sin importar la edad que tengan. Son los grandes amores en su vida. Los seres que la impulsan día a día y le imprimen fuerza y valor.

¿Quién no recuerda los besos de mamá? Cada abrazo, cada frase expresada con verdadero orgullo. Hasta los regaños nos parecen acertados y quizás algún chanclazo o nalgada que una generación recibió como reprimenda. A las niñas nos iba mejor que a los niños; no había esa clase de corrección.

Con el tiempo comprendimos que “mamá” estaba en lo correcto. Era la manera de conservar la autoridad y ejercer su derecho a corregir a los hijos. Ella no deseaba ni vagos ni flojos. Mamá solo quería educar, formar a sus hijos y entregar buenas cuentas a la sociedad.

La corrección necesaria, considerada parte de la formación de toda persona, la ejercían los padres en el hogar. No puede ni debería ser considerada como un acto de violencia.

La violencia, cuando existan casos que la muestren, amerita investigación y por supuesto castigo de comprobarse. Nada tiene que ver con pretender generalizar la forma de educar de los padres a sus hijos en el hogar.

Cuánto debemos a las madres de ayer, de hoy y de siempre. Porque gracias a sus cuidados, a su inmenso amor, a sus consejos y apapachos, se construyó una sociedad de gente buena, con valores, con buenos principios y eso fue gracias a las madres y a las abuelas que siempre estuvieron pendientes de los niños en casa.

Una madre es realmente una Mujer Maravilla. Es la primera en levantarse y la última en acostarse. Se le observa, sin el traje de heroína desempeñar diversos oficios y profesiones. Es capaz de realizar varias cosas a la vez cuando está en casa para halagar a su familia. No importa lo cansada que esté siempre está dispuesta a actuar si los hijos lo necesitan.

Felicidades a todas las madrecitas. Una plegaria y mi gratitud a la mía, que fue una gran mujer, extraordinaria madre, una MUJER MARAVILLA, que descansa ya en ese espacio en el Cielo destinado a ellas, muy cerca de Dios.

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