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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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02 Febrero 2017 04:00:00
Mala Constitución
Reconozco que ha habido mejoras frente al texto propuesto originalmente. La redacción aprobada por los constituyentes ya acepta, por ejemplo, “el respeto a la propiedad privada”, que antes ni siquiera reconocía. Sigue siendo, sin embargo, un texto excesivamente largo, que confunde derechos con buenas intenciones, que no establece condiciones básicas para promover una mayor prosperidad y que representa un proyecto político de un solo grupo.

La Constitución de Estados Unidos fue creada con siete artículos. Quizá por eso el país se convirtió en poco tiempo en el más próspero del planeta. La de la Ciudad de México empieza con 76, pero el número es engañoso porque está redactada con innumerables secciones y párrafos ordenados con números y letras. El proyecto original tenía 142 fojas; la versión aprobada, con los mismos 76 artículos, 220. La idea de tener una constitución sencilla que simplemente garantizara derechos individuales y reglas de gobierno ha caído por tierra.

Muchos de los problemas de la redacción original siguen ahí. Hay una enumeración de supuestos derechos que son más bien posibles objetivos de políticas públicas. Han desaparecido algunos de los más absurdos, como el de “una vida sexual plena”, que ha sido remplazado por un más razonable “derecho a la sexualidad”, “a decidir sobre la misma y con quien compartirla”; pero se mantiene una larga lista, como el derecho a la educación a todos los niveles, el derecho a la alimentación adecuada, el derecho al agua, el derecho al tiempo libre y más.

Esta Constitución es un proyecto político para una “economía distributiva”. Contrasta con las propuestas liberales que impulsan una economía más productiva que permita edificar una mayor prosperidad y reducir la pobreza. En lugar de crear una constitución neutra, que permita el funcionamiento de gobiernos de distinto signo, el grupo en el poder impone su visión.

En rechazo a la filosofía liberal, la de Benito Juárez, que sostiene que todos los ciudadanos deben ser iguales ante la ley, la nueva Constitución establece derechos especiales para personas en situación de calle, afrodescendientes o personas de identidad indígena. Es una ley racista.

En un momento en que el gobierno capitalino se queja de que la Federación le ha recortado el subsidio al agua, la nueva Constitución no promueve una mayor inversión. Todo lo contrario: establece que el servicio debe ser proporcionado por un organismo público el cual “no podrá ser privatizado”. Si ese organismo es ineficiente o corrupto, se prohíbe a la ciudad contratar una empresa más eficiente y honesta. La ideología triunfa sobre el pragmatismo.

El texto final mantiene el peor abuso del original. El Artículo 75 señala que sólo se podrán hacer enmiendas para “ampliar, proteger y garantizar los derechos de las personas, nunca en su menoscabo”. Pero ¿quién va a juzgar? La disposición quiere mantener el proyecto político del grupo en el poder, aunque otros partidos ganen las elecciones.

La Constitución no podrá tener enmiendas si éstas no son ratificadas en referéndum; pero, aunque establece figuras separadas de referéndum, plebiscito, consulta ciudadana y consulta popular, resulta que la Constitución misma no será sometida a referéndum. Quizá es lógico. Esta Constitución ni la pedimos ni la queremos los ciudadanos. Es un acto de autoritarismo de una clase en el poder que busca eternizar sus políticas.

Desnudo negocio

¿Por qué vemos a grupos que se manifiestan una y otra vez a lo largo de los años? Porque es un buen negocio. El priista Javier Duarte, por ejemplo, presuntamente entregó 40 millones de pesos (10 millones en efectivo) a los 400 Pueblos. Por supuesto que los líderes van a seguir pagando a acarreados para manifestarse. y desnudarse.
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