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Dalia Reyes
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22 Septiembre 2018 04:00:00
Mala mente
No lo tengo muy claro. Pasados los años, a las personas se nos borran ciertos recuerdos los cuales, en su momento, parecían inmarcesibles, tanto como lo eran en las familias de antaño las series navideñas: Duraban un montón, desde su compra y hasta que se acababan. Justo esa es mi obnubilada remembranza, pues muy apenas recuerdo haber tenido una para toda mi niñez. ¿Sería eso posible?

Tanto como el pino blanco, mediano, nevado y mate nos duró una serie conformada con focos pequeñitos y alargados, cuyos colores oscuros nos regalaban navidades melancólicas y muy lindas. Cuando las luces cumplieron tres años, mi padre descubrió la novedad más valiosa en el mundo: Focos de repuesto; así, le otorgó cinco ciclos más para vivir juntos la celebración navideña.

Lo más valioso en esa serie residía, y hasta ahora lo sé, no tanto en su extensión, color, viveza o resistencia, sino en carecer de un empaque con la mentirosa frase: “Fácil de guardar”. Apenas pasaba el Día de Reyes, y se acomodaba sin chistar en una cajita en donde alguna vez compró papá 12 bujías.

Hay muchas cosas molestas en la mercadotecnia hoy en día, pero, en lo personal, detesto la mentira y deshonestidad. Así, ese asunto de vender series con la falsísima promesa escrita de que algún ser humano podría volverlas a su empaque original, acaba por trocarme de Merry Christmas en la mujer del Grinch.

Esa aseveración es tan vacua como la que publican en los empaques de jamón o queso cuyas bocotas –si las tuvieran- dicen: Abre fácil. Falsos, mentirosos, perjuros y variosos –de esto último es autor mi tío Mario-, porque puedo testificar cuántas comidas mías terminaron en una sala de espera por el sicólogo ante la imposibilidad de encontrarle la orillita a los empaques.

Queriendo convencernos por su vista, nos ofrecen las series navideñas en bases redondas, cuyas perforaciones permiten al tendero mostrarla en todas sus posibilidades de iluminación. Parece todo tan sencillo, nadie se cuestionaría cuánta dificultad radica en volver a enroscar el cable en esos rieles predispuestos. Amigos y amigas, no se dejen llevar por las apariencias, es un engaño visual, truco mágico, hechizo veleidoso, pues sé de cierto quién empezó a empacarlas en enero y se dio por vencido empezando la Cuaresma.

Los focos, sépanse bien esto, nunca vuelven a entrar por donde vinieron. Digamos que mucho tiene de ser humano.

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