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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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25 Agosto 2018 04:00:00
Mala sangre
“Tiene uno de los sentidos de la ética más maduros que he visto y en todos los sentidos: personal, gerencial, de negocios y médico”.

Así describía Jim Mattis a Elizabeth Holmes. Y el actual secretario de Defensa de Estados Unidos no era el único en desvivirse en elogios para la joven fundadora de Theranos, la startup que quería transformar la industria de las pruebas de sangre.

Henry Kissinger, George Shultz y Bill Perry fueron parte de su consejo directivo. Larry Ellison, de Oracle, hablaba maravillas de ella. Se llevaba con Obama y los Clinton. Y claro, también los CEO de Safeway y Walgreens, con quienes iba a lanzar de forma masiva su tecnología revolucionaria.

En lugar de extraer sangre con la típica y dolorosa inyección (y tubitos), con Theranos bastaba una gotita pinchada de un dedo para realizar cientos de análisis con técnicas especializadas de microfluidos. Pruebas sin dolor, muy baratas y mucho más precisas.

“Lo que importa es mejorar la vida de la gente”, explicaba Holmes a CBS en una entrevista en abril del 2015 (véala en nuestros sitios).

Su éxito fue enorme: levantó 900 millones de dólares (mdd) de inversionistas (Rupert Murdoch y Carlos Slim, entre ellos) que llegaron a valuar a Theranos en más de 9 mil mdd. ¡Y Holmes tenía 50% de las acciones! La revista Time la nombró una de las personas más influyentes del mundo, daba conferencias y recibió muchos premios. Todos la adoraban.

Solo había un pequeño problema: todo era mentira. La tecnología era imprecisa. No podían realizar todas las pruebas prometidas y 95% de ellas se hacían con aparatos de competidores.

Una fascinante historia de cómo un par de sociópatas (Elizabeth y su novio y COO Ramesh “Sunny” Balwani) engañaron a muchos con un trabajo metódico y siniestro.

“El fraude en Theranos empezó desde su inicio, pero en el 2013 cruzaron una línea al lanzar sus laboratorios con Walgreens. Ahí empezaron a afectar a pacientes”, explica el periodista John Carreyrou en una entrevista (véala en nuestros sitios).

El autor del libro Mala Sangre (se lo recomiendo: Bad Blood, Amazon) detalla esta fascinante historia. Una terrible receta con 10 ingredientes:

1. Secrecía. Pues claro, el sigilo es importante al hacer trampa. Por ejemplo, todos los empleados firmaban acuerdos de confidencialidad, etc.

2. Bullying. Eran negreros. Ah, y al que dudaba, lo despedían. Theranos tenía una rotación altísima.

3. Mentiras constantes. Falseaban resultados, truqueaban estudios académicos, etc.

4. Compartimentar. El que nadie tuviera la fotografía completa facilitaba perpetuar las mentiras.

5. Agresividad externa. Ante cualquier cuestionamiento, uno de los despachos más agresivos y caros de Estados Unidos interponía una demanda.

6. Consejo ilustre para ganar legitimidad. Por cierto, ninguno con experiencia médica.

7. Atmósfera de culto. Demandaban fe ciega, autoridad total de los jefes, castigo al disidente, mentiras, etc.

8. Al centro, un personaje icónico. Elizabeth creó la imagen de una CEO revolucionaria. Imitaba a Steve Jobs en todo.

9. Formar un cuento de hadas. Holmes abandonó Stanford para fundar Theranos, era mujer, joven, la primera billonaria que creó su empresa, etc. Una historia perfecta para una cultura mediática.

10. Relaciones, relaciones, relaciones. No es a cuántos conoces, sino a quién conoces.

Con estos cimientos, Elizabeth y “Sunny” construyeron un castillo de naipes en una industria superregulada. Por precaución, apúntelas. Nunca está de más aprender con sangre ajena.

Porque en la era de la hiperconexión ningún engaño dura mucho. Y así le pasó a Holmes. Demasiados empleados que sí tenían sentido de ética renunciaron o fueron despedidos.

Un par de ellos tomó valor y el castillo se derrumbó. En mayo del 2015, Theranos estaba en la cima y en octubre de ese mismo año inició su rápido declive con el reportaje de Carreyrou en el Wall Street Journal.

En 3 años se esfumaron los 900 millones de dólares, la SEC le quitó a Holmes todas sus acciones, despidieron a casi todos sus 800 empleados, y ahora Elizabeth y “Sunny” enfrentan cargos penales.

Parece que ser mala sangre no paga, ¿no cree?

En pocas palabras: “Me encantan las aventuras”, Elizabeth Holmes.
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