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Dalia Reyes
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04 Septiembre 2018 04:00:00
Mamá lía
La evolución humana dinamizada por una impensable capacidad de adaptación a las circunstancias naturales y artificiosas, no es otra cosa que una imitación pobre de una madre resolviendo problemas cotidianos de la vida.

Las manos maternas debieron ser modelo para fabricar las primeras herramientas de labranza, las incipientes armas de defensa, los primitivos albores de la quiropraxia y las iniciales técnicas de masaje por roce, fricción o percusión, sacudida, torsión y pellizcamiento, sobre todo estas últimas.

Ahora venden unas palitas chicas con su rastrillo pequeño, muy monos, para hacer de hortelana o floricultora, pero antes las madres ahuecaban la mano y nos mostraban cómo llenar de tierra un recipiente para colocarles la naciente planta en el centro. Con esas mismas manos nos cargaban en vilo para separarnos del peligro, o bien, nos llevaban a buen resguardo para sanar torceduras, sobar golpes, tapar heridas, percutir castigos en las nalgas, retorcer la piel en respuesta al mal comportamiento o sacudirnos hasta el alma con el dedo índice muy alzado.

Así como hoy el ser humano teme al avance en la generación de androides, en su momento la sociedad debió satanizar a las madres, hacerlas parecer muy sospechosas, porque en una sola habitaba un confesor, un soldado, dos policías y un médico con su enfermera. Es muy probable que esta versatilidad femenina fuese la que incentivaba a los ignorantes a señalarlas como poseídas.

De haber sido la Inquisición en estos tiempos, no habría una sola mujer sobre la tierra, porque esa aparente ubicuidad para estar ahora aquí y en cinco minutos coreando porras de futbol y enseguida emperifolladas para la reunión, daría material bastante y suficiente para ser procesadas bajo evidencias que, por si fuera poco, las recopila la bruja misma en su celular, aparato demoniaco por demás.

No es raro dar con historias de instrumentos desarrollados para un uso y aplicados exitosamente en otros muy distintos. Así es este capítulo de las manos maternas, y lo llamo capítulo porque tanto o más podríamos decir de los brazos, los pies, los hombros o el corazón.

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