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Denisse Dresser
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15 Julio 2013 04:00:02
Mapa mendaz
He allí lo que se hace con los recursos de Pemex. El chofer de Carlos Romero Deschamps apostando miles de pesos en el Hipódromo de las Américas. Sacando fajos de 500 y mil pesos para jugar cada vez que quiere. He allí el despilfarro. He allí el desvío de dinero. He allí la mendacidad de una narrativa en la cual a los mexicanos se les hace creer que el petróleo es suyo cuando queda en manos del sindicato. De los burócratas. De los gobernadores. De un gobierno despilfarrador. Y por eso la necesidad de una buena sacudida. Y por eso la importancia de un cambio profundo en nuestra forma de pensar sobre Pemex, como el que ofrece el estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad: “Nos cambiaron el mapa: México ante la revolución energética del siglo XXI”.

Un estudio que exhibe el atraso. El costo de mantener el statu quo. El costo de mantenerse al margen de una revolución energética global de la cual México no ha formado parte. Estancado en el mismo lugar en el Índice de Competitividad desde hace más de una década porque no hemos creado las condiciones para que la economía despegue. Y el petróleo es una parte clave de ese mapa que no nos lleva a ninguna parte. En los últimos 30 años las reservas probadas de crudo han crecido casi 2.5 veces. Como afirma el estudio, se ha roto el paradigma de la era del fin del petróleo. Es y seguirá siendo la principal fuente de energía en el mundo en las décadas por venir. Pero lo que es cada vez más evidente es la dificultad para encontrar y explotar esos recursos. Estamos transitando de la era del “petróleo fácil” a la era del “petróleo difícil”. Y sólo los países con la capacidad de desarrollar la tecnología de punta y el talento para lidiar con este nuevo entorno lo podrán aprovechar.

Estados Unidos lo está haciendo ya y es probable que se convierta en exportador de crudo en las próximas dos décadas, obligando a México a buscar nuevos mercados. Pero aquí -mientras tanto- seguimos desaprovechando nuestro potencial. Perdiendo el tiempo. Canalizando más recursos a los bolsillos de Carlos Romero Deschamps y sus allegados que a los bolsillos de los mexicanos. Transfiriéndole al gobierno dinero de Pemex que debería obtener mediante una reforma fiscal. Necesitamos una reforma energética que no privatice el petróleo pero que sí permita las asociaciones estratégicas y la liberalización del mercado de los energéticos. Una reforma energética que libere a Pemex de los amarres ideológicos, del estrangulamiento del sindicato, de la explotación fiscal del gobierno. Una reforma energética que integre a México a la revolución energética en Norteamérica y lleve al país a formar parte integral de ella.

Y no se trata de descubrir el hilo negro sino de aprovechar las lecciones que ofrecen otros países que manejan mucho mejor su petróleo que México. Países como Arabia Saudita, Cuba, Brasil, Colombia, Noruega y Canadá que han reformado sus sectores de hidrocarburos de manera flexible y pragmática. Para atraer inversión privada o extranjera. Para crear marcos regulatorios eficaces y robustos. Para permitirle al operador estatal -como Statoil en Noruega- mantener la rectoría sobre los recursos pero maximizar eficazmente la renta petrolera. Pero mientras todo esto ocurre, México vive atrapado en el pasado: experimentando un marcado deterioro en los niveles de producción y reservas privadas; permitiendo la baja eficiencia y confiabilidad de las plantas de refinación; permitiendo la canibalización de Pemex por líderes sindicales y contratistas y funcionarios gubernamentales y todos los que financian la corrupción con el oro negro. Un modelo, un mapa de petróleo que ya no sirve a las necesidades del país. Lo estrangula.

Ante esta camisa de fuerza, el IMCO ofrece una serie de propuestas que el país debe discutir desde hoy. Eliminar el monopolio constitucional de Pemex en la exploración y explotación de hidrocarburos. Convertir a Pemex en una verdadera empresa y con criterios de maximización de valor. Establecer criterios de transparencia y rendición de cuentas para vigilar el desempeño de nuevos operadores. Permitir la inversión privada en refinación, transporte y distribución del petróleo. Propuestas que merecen ser analizadas, ampliadas, examinadas. Para que ya no siga prevaleciendo la mentira de que el petróleo es de los mexicanos, cuando en realidad es de unos cuantos que se lo embolsan.
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