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Guadalupe Loaeza
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05 Diciembre 2017 04:00:00
Marichuy
“Uno de los comentarios que más he escuchado es que las mujeres indígenas nada más sirven para limpiar casas. Es una muestra de lo que vivimos en este país, que siempre ha sido muy racista y muy machista” (El País), dice María de Jesús Patricio, mejor conocida como Marichuy. A pesar de no asumirse como “candidata independiente”, sino como vocera representante del Congreso Nacional Indígena (CNI, creado en 1996 con los Acuerdos de San Andrés, que engloba a decenas de etnias de México), su máxima aspiración es aparecer en la boleta a la Presidencia para el 2018. Para ello, necesita reunir 866,593 mil firmas. Hasta el momento lleva 78 mil 3, lo que representa el 9.0% (Reforma). Si los 15 millones de la población indígena que hay en el país firmaran en apoyo a Marichuy, la vocera tendría garantizado su registro. Por lo pronto ha recibido el apoyo de indígenas mayas, tzotziles, choles, zoques, tzeltales y mames.

Marichuy tiene 53 años y está casada con el abogado Carlos González, defensor de tierras comunales. Carlos es su “fan” número 1, la escucha con fervor, le contesta su celular, la acompaña en todas sus giras y siempre está presto a contestar lo que le pregunta su mujer, ya sea una fecha, o el nombre de un estado que debe visitar. “Contesta, Carlos”, le sugiere amorosamente a partir del momento en que suena su celular. La representante de los zapatistas nació en Tuxpan, Jalisco; desde 1992 practica la medicina tradicional y la herbolaria, en la clínica Calli Tecolhuacateca Tochan. Desde que Marichuy era una niña ya estaba destinada a casarse y formar un hogar. De allí que su padre le haya prohibido estudiar más allá de la primaria. Sin embargo Marichuy no cedió, resistió gracias a la complicidad de su madre, a escondidas estudió la secundaria abierta y la prepa. “Me nació el coraje de ver que los patrones tenían sus buenas casas, sus carros y cada vez más tierras, mientras los indígenas tenía que dejar las suyas”, comenta, “de ahí me salió buscar algo distinto, pero mi papá no dejaba que las mujeres protestaran. Me sentía acorralada y pensaba que tenía que haber algo más en la vida, de ahí empecé a buscarle por dónde”, le dijo a Juan Villoro, vocal de la asociación civil que propone a María de Jesús.

Desde hace 20 años, Marichuy recibe un salario de la Universidad de Guadalajara, sin embargo tuvo muchas dificultades para abrir una cuenta bancaria. Hay que decir que “sólo el 1.5% de los trabajadores del campo mexicano de alguno de los 68 pueblos originarios tiene acceso a crédito en 2014”. “‘El sistema financiero, en su atención no está diseñado para las poblaciones indígenas. Los bancos están en las cabeceras municipales, lejos de las comunidades. No hay cajeros automáticos’, explica Ricardo Raphael, autor del informe de Conapred. ‘No hay una institución interesada en ayudarlos. Ni las públicas como Financiera Rural o Bansefi. Y a las privadas solo les interesan los clientes AAA. Estos mecanismos perpetúan la discriminación’, asegura”. (El País).

La propuesta colectiva de la portavoz del movimiento indígena está en contra de los profesionales de la política. Está en contra de los líderes que deciden y hacen exclusivamente lo que ellos dicen y está en contra de que le den dinero público para su campaña, “ningún peso” de los recursos públicos, dice Marichuy determinante. Insiste en que habría que organizar a la gente de abajo y que aunque no gane, con eso se sentiría satisfecha.

El 28 de marzo de 2001, la comandante Esther y Marichuy, tomaron la tribuna del Congreso de la Unión, como parte de la marcha llamada “Del color de la tierra”. Recuerdo que ese día los panistas estaban totalmente en contra de que hablaran las zapatistas, a tal grado que 100 de ellos se rehusaron a ir. “Mi nombre es Esther, pero eso no importa ahora. Soy zapatista, pero eso tampoco importa en este momento. Soy indígena y soy mujer y eso es lo único que importa ahora”.

María de Jesús Patricio podría decir exactamente lo mismo, pero ahora como vocera oficial representante del Congreso Nacional Indígena para competir como la primera candidata indígena para la Presidencia de la República. He allí la visibilidad que urge a más de 15 millones de indígenas, 16 años después.
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