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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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13 Noviembre 2014 05:10:27
Más que tontos…
Ya lo sabíamos, pero el que con sus acciones nos lo griten una y otra vez en el rostro, irrita. El Gobierno parte de una premisa fundamental para diseñar sus estrategias mediáticas y fijar posturas ante coyunturas y hasta en momentos de crisis extremas, justo como la que México sufre hoy: los ciudadanos son estúpidos y de flaca memoria.

Esa visión que resulta de la mezcla de paternalismo, simulación y franco desprecio hacia los gobernados se confirma con la respuesta de Los Pinos (tono y profundidad) ante el hecho de que la pareja presidencial tiene por hogar una residencia de 86 millones de pesos.

Eso de que “la larga carrera profesional de la señora Rivera Hurtado le ha permitido consolidar su patrimonio personal”, simplemente se desmorona ante la evidencia de que como actriz de Televisa, doña Angélica hubiera necesitado 10 contratos de exclusividad y haber trabajado durante 53 años consecutivos para amasar una fortuna que le permitiera tales lujos.

Y eso de que “sólo” pagó el 30%, más de 25 millones, y que el resto lo pagará en un par de años, pues peor, ya que supone que la ahora primera dama sabía que venían, para ella y para Enrique, años de extrema abundancia. Qué tontos.

Pero más grave aún, ver a Peña Nieto dibujar desde China -a donde fue a recibir tremendo regaño del primer ministro por la revocación de la licitación para el súper tren- un México que navega exitoso en el buque de las grandes reformas transformadoras, cuando en realidad el país atraviesa por uno de sus momentos más delicados, de creciente irritación social, de verdadera revuelta, con un estado (por ejemplo), Guerrero, literalmente en llamas, donde la inconformidad se expresa cotidianamente en violencia, vandalismo, barbarie; y otros más, como Michoacán, en el que el pretendido estado de Derecho no es más que una burda caricatura. Más que tontos.

En todo el país la sociedad se suma al reclamo de cambios sustanciales; bajo el lema “ya me cansé”, voces de distintos sectores apuntan directamente al Gobierno, en sus tres órdenes, como único responsable -por acción u omisión- de que México este sumido en la inseguridad, la irritación y la desesperanza.

Es el hartazgo de estar como estamos y de tener la clase de gobernantes que tenemos y la confirmación de que Ayotzinapa dejó otra herida abierta en el corazón mismo del país y que junto a las de Casino Royal (52 muertos), Guardería ABC (49 niños muertos), San Fernando (72 migrantes asesinados) y esas cifras obscenas de secuestros, ejecutados y desaparecidos, está muy lejos de sanar.

¿Qué no entienden nuestras autoridades que para “asegurar” el futuro primero hay que componer el presente? ¿Por qué es tan difícil comprender que en las condiciones actuales no es posible proyectar ningún mañana viable, mucho menos armonioso y progresista?

Quedaría en todos nosotros, los ciudadanos, desde nuestras respectivas trincheras, hacer entender a este Gobierno que se equivoca, que no somos estúpidos, que realmente los tontos son ellos, y que como sociedad ya no estamos dispuestos a recibir ni un golpe más.

En nuestra historia reciente hemos experimentado otras situaciones límite. En el 2004 la sociedad se unió para decirle al Gobierno “ya basta de inseguridad”, fue la gran marcha de blanco; en 2008, el país se sacudió con ese “si no pueden, renuncien”, de un dolido Alejandro Martí y después vino el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad con Javier Sicilia. Fueron momentos de gran impacto que terminaron por diluirse sin alterar significativamente el contexto que los originó.

Queda esperar que no sea el caso, que ahora sí la movilización social tenga consecuencias y, especialmente, que no termine por diluirse. De lo contrario le daríamos la razón a los que nos tratan como estúpidos.
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