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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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29 Enero 2017 01:19:00
Más versos con humor
“El albur es la forma más ingeniosa de hablar del mexicano, somos los ÚNICOS en el mundo que hemos podido destrozar el idioma de Cervantes en esta forma”. Salvador Flores Rivera. Compositor, cantante y escritor mexicano.

¿Se acuerdan de las “humoradas” traídas aquí la semana pasada? ¿Pues qué creen?, a propósito de las mismas. Que alguien me vino a traer una anécdota exquisita relacionada con ellas, sucedida hace ya algún tiempo y vinculada directamente con su servidor, que prefiero narrar tal cual me la contaron, y ya Ustedes, mis estimados lectores, verán por dónde viene dicho vínculo.

Un amigo maestro de la familia que cursaba la especialidad de Literatura Española con el entonces maestro Federico Leonardo González Náñez, me contó que, habiéndole pedido a uno de sus alumnos que expusiera clase relacionada con el autor de aquellas, don Ramón de Campoamor y Campoosorio; al leer dicho alumno algunos de los versos en mención, a propósito, cambió el orden de las pausas ortográficas para darles una connotación picaresca que veía escondida en ellos, dando, obviamente un sentido distinto a lo originalmente escrito por el autor español.

Sobra decir que los alumnos que estaban escuchando la clase de su compañero se morían de risa por esa lectura que se hacía, lo cual terminó por incomodar al catedrático, que dijo enojado y entre dientes refiriéndose a lo expuesto en clase con las siguientes palabras: “poca poesía y más versificación, aunque no dejo de reconocer el ingenio, tanto de usted, jovencito, como del propio autor”. Rematando el alumno con una frase que ahora sí dejó helado a don Federico Leonardo, dado que sonó a herejía literaria: “Por eso Campoamor es el padre del albur español, y maneja muy bien el doble sentido”.

De esto que me contaron han pasado más de 50 años y sí, amigos lectores, quien era tal e imberbe alumno es don Everardo Martínez Pineda, mi padre. Por eso ahora él y yo, mis sibaritas lectores, los invitamos a leer con esa perspectiva picaresca algunas de las humoradas antes traídas y otras que se prestan para ello. ¡Sin albur, lo antes dicho!

Perdí media vida mía por cierto placer fatal, y la otra media daría por otro placer igual.

Quisiera al jardín volver de tu cariñoso amor, si se pudiera coger dos veces la misma flor.

Lo recuerdo de tal modo que aún creo que estoy mirando como fuiste colocando, mano, pie, cabeza y todo.

Cuando cobrar una de uno quiera prenda que aún no dio, esa una vendió a alguno lo que alguno no pagó.

Por más que sobre árbol bueno otro mejor he injertado, nunca hay fruta en mi cercado como en el cercado ajeno.

Diciéndolo, no diré lo que aquel pinar esconde; allí, ya recuerdo dónde, nos pasó, ya sabes qué.

La vida es dulce o amarga; lo corta o larga, ¿qué importa? El que la goza la halla corta, y el que sufre la halla larga.

Cuando las penas ajenas mido por las penas mías, ¡quién me diera a mí sus penas para hacer mis alegrías!

Corro de aquí para allá sin que halle mi afán parada, y no es porque busco nada, es que ando huyendo de mí.

Si ayer tropecé bastante, hoy tropiezo mucho más; antes mirando adelante, después mirando hacia atrás.

Te sobra corazón, y, siempre amante, aplicas a otras cosas el sobrante.

Mientras ya me dan pena el oro y los diamantes, envidio esos instantes en que van, agachándose en la arena, a coger caracoles dos amantes.

Es buena, pues se duerme como un leño, y al irse la virtud se lleva el sueño.

Fue causa de mis muchos desencantos, una asceta instruida; que aprendió por las vidas de los santos, las cosas menos santas de la vida.

Prohíbeles tu amor con tus desdenes, sin frutos prohibidos no hay edenes.

Cuando haya algún mozo que le agrada, ¡qué bien se suele hacer la deslumbrada!

A todo va la inmensidad unida; si entre el ser y no ser media un instante, tiene el punto presente de la vida un infinito atrás y otro delante.

Aunque ve que la engañan con frecuencia, no se quiere curar de su inocencia.

Las niñas más juiciosas y más puras al llegar la razón hacen locuras.

A esa ética feliz la va matando la fiebre que ha cogido durmiendo horas enteras y soñando a la sombra del árbol prohibido.

Y finalmente una que me hizo acordarme de los placeres que reconoce frecuentemente se tira don Woody Allen: En cuanto al bien y al mal nada hay lejano, todo se halla al alcance de la mano.
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