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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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23 Julio 2017 04:01:00
Matemáticas, ciencia inexacta
Dos más dos son cuatro. Tres más tres son seis. Tres mil más 5 mil: 8 mil. Eso enseñaba la señorita Magdalena a sus alumnos de segundo año del colegio Zaragoza. Mientras hacía las operaciones en el pizarrón con números muy redonditos, aseguraba que las matemáticas son una ciencia exacta, y que llueva, truene o relampaguee, dos más dos son cuatro aquí y en China, en Timbuctú y en Yuririapúndaro, Guanajuato.

Suena lógico, ¿no? Sin embargo, para Eduardo Gurza y sus colaboradores en la Unidad de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral (INE) las matemáticas dejaron de pertenecer a las ciencias exactas. Con gran sentimiento, señorita Magdalena, debo informarle que los resultados de sumas y restas pueden cambiar de un día para otro o incluso de la noche a la mañana. Es triste decirlo, pero usted perdió gran parte de su vida intentando meter en la cabeza de un montón de silvestres moconetes aquello de que dos más dos siempre son cuatro.

Sucede que después de mes y medio de haberse celebrado las elecciones en Coahuila, los señores del INE no saben a ciencia cierta –o dicen no saber– si los candidatos rebasaron el máximo de dinero asignado legalmente a sus respectivas campañas. Se entendería que algunos de los artículos de la a veces intrincada Ley Electoral se presten a diferentes interpretaciones y propicien el debate, pero cuando se trata de sumar pesos y centavos, ¿cuál es el problema?

Quizá los señores encargados de la fiscalización de los gastos de las campañas reprobaron aritmética en segundo de primaria. No obstante, aun en el caso extremo de que usen los dedos de las manos para contar, alguien debería advertirles que en sus teléfonos celulares hay un cuadrito con los siguientes signos: +, -, x, =. Sí, allí, donde abajo dice “Calculadora”. Gracias a esta aplicación, ni siquiera necesitan gastar en la compra de uno de esos aparatejos electrónicos diseñados para hacer las mismas funciones.

Al explicar la razón de su tardanza, los encargados de la fiscalización dicen estar en espera de que los partidos involucrados en el asunto entreguen comprobantes. Buen pretexto, pues solamente han transcurrido 48 días, o sea mil 152 horas desde la elección. (Escribo el viernes 21). ¡Eso se llama eficiencia y rapidez! ¿En 48 días no han podido reunir la información suficiente? Perdón, pero suena a retraso mental. ¿A qué se dedicaron entonces durante las mil 152 horas además de ir a cobrar sus jugosos salarios?

Ahora falta que cuando obtengan toda la información deban esperar todavía a que la carta astral se muestre propicia para informarnos de una vez por todas si dos más dos siempre sí fueron cuatro.

¿ELLOS O NOSOTROS? 

La muerte de Héctor Lechuga revivió en las redes sociales segmentos de los programas donde actuaba al lado de Manuel “El Loco” Valdés y Héctor Suárez. Gracias a eso volvimos a reír, o por lo menos yo lo hice. Enrique Krauze, agradecido con Lechuga y compañía, publicó un artículo considerando al recién desaparecido heredero de las carpas populares donde los cómicos criticaban a los políticos. Otros hicieron referencia al humor blanco de los programas.

Ante la general alabanza al trabajo actoral de Lechuga, es válido preguntar: ¿Cambiaron los humoristas o cambiamos nosotros?, pues hoy el humor radiofónico, televisivo o incluso impreso chapotea en una ola de vulgaridad en la cual los supuestos chistes no funcionan si no van condimentados con alusiones explícitas al sexo y las actividades sexuales. Y no se trata de rancio moralismo o de añejos tabúes; se trata de ingenio, inteligencia y buen gusto.
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