×
Columnista Invitado
Columnista Invitado
ver +

" Comentar Imprimir
19 Agosto 2018 04:00:00
Mayorías y minorías
Por Gerardo Blanco

Uno de los vicios coincidentes de las democracias modernas y representativas es, paradójicamente, la falta de representación de los partidos políticos y los gobernantes que emanan de ellos, frente a los gobernados. Este resabio se ha encargado de degradar la confianza de los ciudadanos frente a este principio de representación política.

En otras palabras, los representantes políticos se han olvidado de la voluntad ciudadana, y han enfocado sus decisiones en beneficio de intereses personales, así como de las élites políticas y empresariales, hasta llegar al punto de ser incapaces de resolver las necesidades mínimas de la sociedad.

Lo anterior, en buena medida, explica el fenómeno mundial por el cual los electores han modificado de manera radical la orientación del voto hacia opciones poco convencionales y, en muchos casos, extremistas. Se puede ver con el crecimiento de los partidos políticos de extrema derecha en gran parte de Europa (Alemania, Francia, Países Bajos); en el caso de Italia con los sorprendentes resultados que obtuvieron fuerzas radicales como La Liga y Movimiento Cinco Estrellas; y en España, el gran número de votos que han alcanzado refrescantes fuerzas como Ciudadanos y Podemos. Sin olvidar, por supuesto, el indigesto caso de Trump en Estados Unidos, entre muchos otros.

Con sus matices, el caso de México puede explicarse con el mismo argumento: falta de representatividad. Eso llevó a que, el pasado 1 de julio, la gran mayoría de los electores salieran a las urnas en busca de una alternativa distinta que alumbrara en el horizonte la posibilidad de mejorar las condiciones de vida más elementales y de erradicar la costosas enfermedades de la impunidad, corrupción e inseguridad; hecho que se tradujo en que un partido político creado hace sólo cuatro años ganara la elección presidencial y obtuviera la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión.

Durante las últimas dos décadas tres grandes partidos políticos fueron los encargados de ordenar y ejercer el poder político en el esfera nacional, replicándose en la mayor parte del país en el ámbito local. Esto obligó al presidente en turno a construir consensos que lo ayudaran a sobrellevar su agenda política y su administración. Uno de los ejemplos más recientes fue el Pacto por México, rudimentario pero efectivo instrumento que el presidente en turno disfrazó de gobierno de coalición, con el fin de darle cauce a las llamadas reformas estructurales.

Desde 1997 ninguna fuerza política tenía la mayoría en el Cámara de Diputados y lo mismo pasaba con el Senado desde el año 2000. Sin embargo, a partir del 1 de septiembre de este año, Morena, en conjunto con sus aliados (PT y PES), tendrá la mayoría absoluta en ambas cámaras, además gozarán de la mayoría en 19 congresos locales (podrían existir modificaciones derivado de litigios que están en los tribunales electorales), lo que se traduce en una suma importante que sólo requerirá de negociaciones mínimas para enmendar la Constitución. Si bien la lógica de la democracia es que las mayorías se conviertan en minorías y viceversa para efectos de ejercer el poder, también es cierto que nuestro sistema político se había acostumbrado a mayorías insuficientes que obligaban a emprender acuerdos y consensos.

Los partidos políticos que serán oposición – principalmente PAN y PRI–, no han podido digerir los estragos causados por los resultado de la elección presidencial. Mucho menos han presentado una agenda consistente que arroje luz sobre cómo enfrentarán su importante papel de oposición. Tener partidos políticos débiles, perdidos y sin señales de vida, resulta una mala noticia para la democracia mexicana.

Lo interesante de todo esto girará en torno a dos cuestiones: primero, qué lugar le dará Morena a las minorías en los espacios donde no se requiera construir acuerdos; y, segundo, qué medidas implementarán los partido políticos tradicionales para recuperar la confianza perdida. Seguramente, uno de los caminos será trabajar y construir una representación que recorte la brecha entre gobernante y gobernado, teniendo como objetivo fundamental satisfacer la necesidades e intereses de estos últimos. De no ser así, les espera un largo y triste entierro.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2