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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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29 Septiembre 2017 04:00:00
Me gusta, pero me asusta
El día que rodamos mi escena en Me gusta pero me asusta, película que se estrenó el pasado viernes, atribulado, le cambié el nombre a mi personaje. Fue un sábado de agosto de 2016. Estábamos en un edificio corporativo de Paseo de la Reforma. Beto Gómez me dijo con precisión, “pon cara de asustado”, luego lo escuché decir: “acción”.

Beto Gómez y yo nos conocimos en la universidad, aunque la amistad surgiría después. Durante los años de estudio hubo cierta rivalidad, la competencia propia de la edad. En ese tiempo ninguno de los dos sabía a qué se dedicaría, aunque ya lo veíamos venir. Él era un as con el manejo de las cámaras y yo reprobaba esa materia, aunque sacaba 10 en periodismo escrito.

En los últimos 20 años nuestras vidas tomaron rumbo, y lo que empezó como una prueba de fuego con El Agujero, su primer largometraje –película que Beto hizo con Arturo Pimentel, otro amigo de la universidad–, le han seguido siete largos más: El Sueño del Caimán, Hasta el Último Trago Corazón, Puños Rosas, Salvando al Soldado Pérez, Volando Bajo, Cinderello (aún sin estrenar) y Me Gusta Pero me Asusta.

Beto no sólo es director de cine, es un cumplidor de sueños, por lo que me ha invitado a ser extra en sus películas. Aunque en El agujero sólo hice de chofer de Roberto Cobo, para Puños Rosas, película de boxeadores y malas apuestas de vida, rodada en Matamoros, me tocó hacerla de cadáver. La película comienza con mi rostro en primer plano. Estoy en la plancha de una funeraria. Corte A: el cuadro se abre, estoy desnudo. Soy un cadáver a punto de ser lavado.

Después de Ciencias de la Comunicación, Beto Gómez estudió cine en una escuela de Vancouver, Canadá. Luego se fue a España, donde se fogueó con Almodóvar, Alex de la Iglesia y Joaquín Sabina, con ellos aprendió a escribir guiones.

Siendo de Culiacán, casi todas sus películas las sitúa en el norte. En ellas presenta nuestra realidad pasada por colores de los 70 y un tamiz de humor sin albures. Su cine homenajea a algunos de sus ídolos: Tin Tan, Rigo Tovar y el inmortal Pedro Infante.

Para Me gusta Pero me Asusta, protagonizada por Minnie West, Alejandro Speitzer, Héctor Kotsifakis y Joaquín Cosío, Beto consiguió la casa de Cuajimalpa del ídolo de Guamúchil. Esa es la casa que renta Brayan Rodríguez (Speitzer) cuando llega a expandir los negocios de su familia a la Ciudad de México, donde conoce a Claudia (West) y se enamoran. Pero Brayan debe guardar un gran secreto, así se lo prometió a su padre (Cosío), y como las apariencias engañan y los estereotipos nos han hecho hacernos falsos juicios sobre las personas, el gran enredo se dispara.

Hace un año, Beto Gómez rodó Me gusta Pero me Asusta y otra vez me invitó a actuar, me dijo: “te voy a dar un diálogo, te lo ganaste, después de encuerarte y ser el mejor muertito”. Era un sábado de agosto. Leí mis líneas. Las memoricé. A media mañana, entre el ir y venir de actores, recibí un whats con una fatal noticia, en la madrugada, Ignacio Padilla había muerto en un accidente de tráfico. Le dije a Beto que así se llamaría mi personaje: Padilla. Luego lo escuché repetir: “acción”.
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