×
Dalia Reyes
Dalia Reyes
ver +
Comentarios a: [email protected]

" Comentar Imprimir
22 Julio 2019 03:00:00
Me lo dijo Adela
Nade me lo dijo, ni siquiera mi madre. No fue falta de amor ni pobre dominio curricular de la materia “Comportamiento femenino aceptable” sino por exceso de ocupación: con seis hijos previos pocas progenitoras tienen la cabeza en su lugar para atender a la séptima inesperada.

Bien pensado, nadie me lo dijo y ahora encuentro en ello la razón de mi membresía vitalicia en el grupo de las raras: tengo por amigos a varones que prefieren las agüitas en lugar de las macalotas y mujeres que, tanto como yo, tampoco se sientan correctamente ni pueden mantener la boca cerrada cuando la sociedad lo demanda.

“Una buena esposa conoce su lugar”, dice el punto 18 en la Guía para ser una Buena Esposa publicado en 1955 por la revista Housekeeping Monthly. Si en aquel momento las mujeres conocían ese lugar, hoy en día las consortes recién compramos un nuevo territorio y no lo hemos escriturado.

Un ama de casa planifica la cena desde el día anterior, se maquillan y limpian la casa justo antes de recibir al hombre, le dan comodidad, guardan silencio, están siempre amables y positivas y tienen a tiempo el fuego encendido para cuando llegue él-en el amplio sentido de la palabra. Esta rúbrica pocas mujeres modernas la aprobarían y, ante eso, quedamos sin título cual ninguno. ¿Qué somos nosotras? ¿En cuál categoría de la especie humana estamos catalogadas?

Cuando me casé, la epístola de Melchor Ocampo no se leía más, pero sé que requería a la mujer abnegada, bella, compasiva, perspicaz y tierna. Mucha exigencia para ser aceptada por la lucha femenina. Al hombre le exigían valor y fuerza, protección, alimento y dirección, trato delicado, sensible y fino, benévolo y generoso.

Tomemos entonces este trayecto histórico como un dicho de esos cuya autoría se lleva el tiempo: si hoy nadie nos alecciona sobre esa retahíla de perfección con la cual estamos en desacuerdo, tomémoslo como un pago pendiente que los caballeros tenían con las damas pues, según me dicen, ellos no solían cumplir con el apartado epistolar que les tocaba.

Es un toma y daca, nada más.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5