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Ricardo Alemán
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03 Julio 2018 04:00:00
Meade: derrota y traición
Nadie duda que el PRI y el Gobierno cometieron graves errores en el proceso electoral que concluyó el pasado domingo. Tampoco se ignora el enojo social. Y también es cierto que la Administración de Peña Nieto se quedó corta respecto a la responsabilidad de conectar los éxitos de Gobierno con el imaginario colectivo.

Sin embargo, el origen de la estrepitosa derrota del PRI y de la mayoría de sus candidatos en diversos estados en contienda se debe a la traición, la deslealtad y el oportunismo. Pero vamos por partes.

La contienda presidencial arrancó con una popularidad de Enrique Peña Nieto que oscilaba entre 22 y 25 por ciento. El PRI, sin candidato, superaba ese porcentaje de aceptación.

Ya con José Antonio Meade como candidato el partido tricolor arrancó con un porcentaje de simpatía entre 22 y 25% de las preferencias.

¿Qué pasó con los votos que perdió el PRI si comparamos las preferencias del punto de partida con el 15% de los votos conseguidos en la urna al terminó la contienda? ¿De verdad la campaña de Meade, del más capacitado, mejor preparado y de mayor calificación académica resultó un rotundo fracaso?

Lo cierto es que los procesos electorales –en México y el mundo–, no son lineales sino multicausales. Y son muchas las evidencias de que hubo traición dentro del PRI, en algunos gobiernos estatales, entre empresarios aliados y hasta de medios de comunicación. ¿Lo dudan?

1.- Resulta de escándalo y –a los ojos de todos–, la traición del gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, quien engañó a muchos cuando todos sabían de su alianza con Andrés Manuel López Obrador.

Hoy está claro que el Gobierno de Chiapas llevó a cabo una elección de Estado a favor del candidato de Morena, Rutilio Escandón, ganador de la contienda. Y para impedir represalias del poder, en el último minuto de la contienda, el gobernador Velasco consiguió el fuero del Senado de la República.

2.- Otros gobiernos estatales que llegaron al poder con las siglas del PAN y con expriistas conversos
–como Durango y Quintana Roo–, también traicionaron a Meade, a pesar que le debían la vida.

3.- Por eso, los malquerientes de José Antonio Meade filtraron la especie de que la traición venía de Hidalgo y del Estado de México. Falso. ¿Por qué? Porque de esas dos entidades salió el mayor número de votos y las concentraciones más espectaculares que tuvo la campaña de Meade.

4.- Los responsables de la estructura territorial del PRI también engañaron a su candidato. ¿Por qué? Porque los votos de esa estructura no aparecieron en las boletas marcadas a favor del candidato Meade. ¿a dónde cayeron?

5.- Está claro que una buena cantidad de medios de comunicación –y empresarios en general–, que juraron lealtad a Meade, a final de cuentas lo dejaron colgado. Y basta ver la docilidad de televisoras, diarios y digitales, a favor de López Obrador, al extremo de que Televisa, Azteca, Milenio, Reforma, La Jornada y La Razón son motejados como “medios tapete” de AMLO.

Al tiempo.
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