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Gerardo Hernández
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29 Diciembre 2017 04:01:00
Meade y la corrupción
Los exlíderes del PRI se reunieron con José Antonio Meade el 2 de diciembre, en la víspera de su registro como precandidato presidencial. Todos, excepto uno: Humberto Moreira, expulsado el 26 de abril por haberse afiliado al Partido Joven y ser su candidato a diputado plurinominal en las elecciones del 4 de junio. Inmediatamente, su retrato fue retirado de la galería de dirigentes. Sin embargo, el 14 de diciembre, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó el dictamen de la Comisión Nacional de Justicia Partidaria por violaciones al debido proceso y ordenó reponerlo.

Moreira podrá defenderse en el nuevo proceso, para el cual todavía no hay fecha, pero difícilmente el PRI cambiará su decisión de expulsarlo. Máxime ahora que su hermano Rubén Moreira ocupa la Secretaría de Acción Electoral, nombramiento que ha provocado críticas de las oposiciones y en los medios de comunicación por sus antecedentes como gobernador.

Humberto Moreira se convirtió en un elemento tóxico para el PRI por la acumulación de escándalos, denuncias y su comportamiento errático: la deuda por 36 mil millones de pesos adquirida en su gobierno a espaldas del Congreso; las investigaciones en Estados Unidos por una supuesta red de lavado de dinero; y su detención en España, del 15 al 22 de enero de 2016, como parte de una operación relacionada con blanqueo de capitales, malversación y otros delitos, de acuerdo con el periódico El Español.

Con su postulación por el Partido Joven, Moreira le dio al PRI el pretexto para expulsarlo. “Si me expulsan a mí, en Coahuila expulsamos al PRI”, advirtió en una grabación publicada en redes sociales y en medios locales (Reforma, 23.12.16) en respuesta a presiones de su hermano Rubén y del Comité Estatal para no ser candidato por el riesgo de confundir al electorado y restarle votos al PRI. Finalmente, el exgobernador apareció en las boletas, pero no obtuvo los votos necesarios. El Partido Joven, aliado del PRI en la elección de gobernador, perdió su registro.

El 4 de enero de 2011, Moreira pidió licencia para separarse del gobierno y buscar la dirigencia del PRI, que ocupó del 4 de abril al 2 de diciembre, horas después de que su hermano Rubén rindiera protesta. Uno de los factores que forzaron su renuncia fue la deuda. El escándalo amenazaba con contaminar la campaña del candidato presidencial Enrique Peña Nieto, quien lo impulsó para ser líder del PRI.

Peña comió con los exdirigentes de su partido el 11 de agosto en Los Pinos, previo a la clausura de la XXII asamblea nacional donde se modificaron los estatutos para postular un candidato externo para las elecciones presidenciales de 2018. El 2 de diciembre, un día antes de registrar su precandidatura, Meade reunió en su casa de Ciudad de México a 15 expresidentes del PRI y a su actual dirigente, Enrique Ochoa. Los invitados fueron:

Adolfo Lugo, Jorge de la Vega, Fernando Ortiz, Ignacio Pichardo, María de los Ángeles Moreno, el coahuilense Humberto Roque, Mariano Palacios, José Antonio González, Dulce María Sauri, Roberto Madrazo, Beatriz Paredes, Cristina Díaz, Pedro Joaquín Coldwell, César Camacho y Manlio Fabio Beltrones.

Meade no milita en el PRI, pero reconoció que “desde su fundación (…) ha sido un partido que ha demostrado unidad y cambio”. La unidad es requisito para ganar elecciones, pero el cambio no lo representa necesariamente su nominación como candidato externo. En su registro como precandidato, Meade ofreció combatir la corrupción. Si obtiene la presidencia y cumple su compromiso, podría empezar en Coahuila con los Moreira.
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