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Federico Muller
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10 Julio 2020 04:00:00
Medicamentos de patente y genéricos
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Al hablar del Sector Salud desde una perspectiva histórica cercana, se debe reconocer que el sistema sanitario público ha logrado que millones de mexicanos hayan utilizado una clínica u hospital gubernamental para atenderse, y volver a reincorporarse a la vida productiva. La esperanza de vida se ha incrementado paulatinamente y mediante programas masivos de vacunación se ha logrado erradicar epidemias que generalmente cuya población más afectada eran los niños.

Durante la etapa del modelo económico de sustitución de importaciones, y en dos o tres sexenios posteriores, los presupuestos públicos a ese sensible sector no se escatimaban. Las finanzas del erario eran suficientes y lograban una amplia cobertura, a pesar de que se tenía una tasa de crecimiento demográfico superior a 3%, aunque con una población más joven en relación con la del 2019. Lamentablemente, con el transcurrir del tiempo, y debido en gran parte a la ausencia de una reforma hacendaria seria y bien pensada, aparejada de una reestructuración en el sistema de pensiones para operar en el corto y mediano plazo, los recursos públicos orientados a tal sector comenzaron a reducirse dramáticamente, resintiéndolo con mayor rigor las personas más vulnerables (niños y adultos mayores).

Una de las políticas públicas sanitarias exitosas ha sido la creación, en el 2001, de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), un órgano de la Secretaría de Salud que, aunque descentralizado, goza de relativa autonomía técnica y operativa. Dicha Comisión se ha encargado de regular la entrada de medicamentos al mercado, los cuales deben pasar por su autorización, pero independientemente de la calidad de estos, que corresponde revisar a la Cofepris, en este artículo se pretende revisar en forma general las características del mercado farmacéutico a nivel mundial y nacional, así como conocer los principales factores que influyen en su encarecimiento.

Una primera razón es que no es un mercado competitivo a escala planetaria, pues 14 farmacéuticas controlan 43% de los productos (Fuente: Canifarma) en ese lucrativo negocio. Ellas concentran la mayoría de las patentes y licencias que les permiten asegurar sus productos, libres de competencia, por un periodo determinado, en el cual recuperan lo invertido en la investigación para la creación de los medicamentos patentados, además de obtener ganancias extraordinarias y para seguirse posicionando como líderes del mercado. La mayoría de las empresas anteriores tiene filiales en territorio nacional, que indudablemente han influido en la estructura del mercado de medicamentos en el país, en donde 74.7% de los fármacos es de patente y el resto corresponde a genéricos y a medicamentos sin prescripción (Fuente: Canifarma).

Una vez que vence el derecho a la exclusividad de fabricación del producto, se pueden producir medicamentos genéricos, que tienen precios más competitivos respecto a los de patente. Desde el punto de vista económico, la diferencia en precios entre un medicamento y otro es significativa; no obstante, desde el punto de vista químico, el gremio de los médicos se encuentra dividido, pues una parte descalifica los productos genéricos por afirmar que las sales que contienen son de menor calidad, mientras que otro sector no ve diferencias representativas.

Valdría la pena realizar una investigación universitaria que dé seguimiento a dos grupos de pacientes con enfermedades crónico-degenerativas. El primero seguiría un tratamiento con productos de patente, y el otro lo haría con medicamentos genéricos. Los resultados de esas pruebas podrían definir la relación precio-calidad con mayor certeza, es decir, cuál tiene mayor impacto en la salud de los enfermos sometidos al experimento: ¿la calidad o el precio? Estudios similares de largo alcance los llevan a cabo algunas universidades estadunidenses.
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