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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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06 Junio 2017 04:00:00
Medio ambiente: la conexión vital
El 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente. Por mal y para bien de toda la humanidad lo es desde 1974. Este, como los demás Días Internacionales designados por Naciones Unidas, tiene la finalidad de ampliar el conocimiento sobre un tema importante o situación relevante, así como y, sobre todo, hacer conciencia; es decir, que las personas dimensionen mejor y se sensibilicen más acerca de algo que impacta en su dignidad.

Por principio de cuentas, el medio ambiente es sustancial porque se refiere al lugar, a los componentes y las relaciones primarias para el ejercicio de los derechos humanos. El medio ambiente es el espacio en donde las personas practican, respetan y ven respetadas sus libertades.

Sin medio ambiente no hay ni escenario ni condiciones para los derechos. Este crea y desarrolla al ser humano. Así de simple. “El hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente”, recuerda Naciones Unidas.

Por esa razón el derecho al medio ambiente es un derecho humano reconocido jurídicamente como tal a nivel nacional e internacional, en la doctrina y las interpretaciones. Sin embargo, su efectividad depende de la voluntad de los estados (gobiernos y sociedades).

De acuerdo con el Glosario de términos sobre medio ambiente publicado por la UNESCO (1989), el medio ambiente “es todo aquello que rodea al ser humano y que comprende: elementos naturales, tanto físicos como biológicos; elementos artificiales (las tecnoestructuras); elementos sociales, y las interacciones de todos estos elementos entre sí” (Sánchez V., 1982).

En 2017 Naciones Unidas ha decidido poner énfasis “en la conexión de las personas con la naturaleza, y nos anima a que salgamos al aire libre y nos adentremos en la naturaleza para apreciar su belleza y reflexionar acerca de cómo somos parte integrante y lo mucho que de ella dependemos”.

De este propósito, es importante resaltar la parte final: “reflexionar acerca de cómo somos parte integrante y lo mucho que dependemos de ella”. Debe aclararse para que no se piense que el objetivo es promover la diversión o relajación en medio de la naturaleza (lo que no está mal, pero no es la idea), sino, como ya se advirtió, despertar la conciencia y mover a la acción.

En esta ocasión, el Día Mundial del Medio Ambiente tiene lugar unos días después del anuncio hecho por el presidente Trump, en el sentido de que Estados Unidas abandona el Acuerdo de París. Según un reportaje publicado por BBC Mundo, “el Acuerdo de París sobre cambio climático alcanzado hace un año y medio es considerado por muchos como el mayor logro en materia ambiental en la historia”. En términos de lo establecido en su Artículo 2, este trascendental instrumento internacional “tiene por objeto reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”.

Este hecho, reconocido por líderes políticos, intelectuales y expertos como otro desacierto de la política exterior del país más poderoso, es preocupante y debe convertirse en una razón de peso para no cesar en los esfuerzos por conocer, difundir y poner fin o mitigar las causas que generan el deterioro del medio ambiente. Como sociedades, sí, pero también, y principalmente, como individuos. No escapa a la razón que las grandes transformaciones se detonan en la mente y el corazón, en los pensamientos y las emociones de cada persona.

Una buena forma de dar sentido a esta fecha es realizar conductas que se conviertan en hábitos en pro del medio ambiente. Greenpeace da a conocer varios tips para cuidar el planeta, entre los que se encuentran: informarse, conociendo la problemática ambiental que hay en la comunidad, el país y el planeta; alzar la voz, denunciando, cuestionando, proponiendo y motivando; actuar, para que cada cosa que se haga sea en favor del planeta; exigir a los tomadores de decisiones políticas públicas en beneficio del medio ambiente; usar bicicleta, transporte público o compartiendo el auto.

Preferir productos que no estén envasados en plástico y reciclando o reutilizando los envases; comprar frutas y verduras orgánicas; comprar productos de belleza elaborados con ingredientes naturales; no usar artículos desechables; aprovechar la energía solar; cambiar los focos de bombilla por focos ahorradores; consumo responsable de agua; evitar los productos con muchos empaques o envolturas; llevar consigo una bolsa de tela para no utilizar bolsas de plástico cuando se hagan compras, y separar los residuos al menos en orgánicos, inorgánicos y, si es posible, en reciclables.

Esta reflexión de The Nature Conservancy puede ser de gran utilidad para entender el peso del medio ambiente en la vida de las personas: “La naturaleza nos alimenta, sacia nuestra sed, nos permite mantenernos sanos, nos proporciona aire limpio y nos aporta la energía que dinamiza nuestra economía, así como la inspiración que nos nutre espiritualmente. Conservarla para la gente no es un acto de egoísmo; es, simple y sencillamente, un reconocimiento de que la naturaleza hace parte de nosotros y nosotros hacemos parte de ella”.
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