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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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02 Julio 2017 04:05:00
Memoria gráfica
Don Sandro González, a quien no tengo el gusto de conocer, tuvo una magnífica idea. Él, como unos cuantos más, ha encontrado en las redes sociales (Facebook, para ser preciso) un espacio que va más allá de la simple glorificación del ego a través de las selfies y de los memes que las más de las veces resultan tan divertidos como bailar con una tía. El señor González abrió una página –si me equivoco en los términos habrán de perdonar mi analfabetismo cibernético– titulada Ranchos, Pueblos y Villas de Coahuila, la cual cuenta ya con 5 mil seguidores.

La idea, como toda gran idea, es muy sencilla. Quienes desean participar comparten con el resto de los visitantes de la página paisajes de aquellos sitios coahuilenses merecedores de ser plasmados en una fotografía, ya sea por su belleza o por resultar entrañables. No obstante que la mayoría de los participantes son fotógrafos aficionados, hay buen número de imágenes de gran calidad estética, merecedoras de formar parte de una exposición.

Impresionan los paisajes del desierto y las plácidas estampas de ríos y lagos, los majestuosos sabinos, los densos pinares o los humildes cactus engalanados de primavera con flores de espléndidos colores. También hay quienes, nostálgicos, prefieren enfocar ruinas de antiguos ranchos y haciendas que en algún tiempo debieron ser activos centros de producción. Imágenes evocadoras que nos hacen pensar que tras esas paredes a punto de volverse polvo varias generaciones vivieron alegrías y sufrieron tristezas. Allí, seguramente, nacieron muchos y dejaron la vida quién sabe cuántos cuyos nombres y hechos han sido barridos por el viento del olvido.

Algunos de los participantes agregan a las imágenes textos explicativos sobre la localización del sitio o un hecho histórico digno de ser recordado. Uno agradece el interés del autor por informarnos, agregando un valor extra a la foto.

Fanático de Ranchos, Pueblos y Villas de Coahuila, deploro lo efímero de la presencia de esas fotografías en las redes sociales. Esto lleva a pensar en la necesidad de reunirlas, si no todas, sí aquellas más bellas y de mayor significado histórico, para formar un álbum que documente para la actual y las futuras generaciones lo que es Coahuila en este primer cuarto del siglo 21.

Gracias a la tecnología, la conservación de imágenes es ahora una operación fácil y de bajo costo: basta grabarlas en un disco asequible casi a cualquiera.
El Archivo General del Estado, el Archivo Municipal de Saltillo y algunas otras instituciones conservan fotografías antiguas, pero hace falta una fototeca coahuilense, memoria gráfica de paisajes y personajes que son parte de nuestro pasado. Es justo señalar que algunos particulares, como Ariel Gutiérrez, coleccionan fotografías históricas en un esfuerzo digno de aplauso.

El éxito de Ranchos, Pueblos y Villas de Coahuila habla de la necesidad de fundar la Fototeca Estatal donde se reúna el material fotográfico hoy disperso en instituciones y colecciones privadas que, gracias a la tecnología, ni siquiera tendrían que prescindir de sus acervos.

Actualmente, el Centro Cultural Vito Alessio Robles de Saltillo exhibe una colección de estereogramas (fotografías dobles que contempladas con un visor especial simulan un efecto de tercera dimensión), de paisajes coahuilenses captados en 1878. Fueron donadas por el historiador norteamericano Larry T. Jones III. No esperemos que dentro de 150 años alguien regale fotografías de Coahuila para que se sepa cómo era el Estado en 2017. ¿Por qué no empezar a hacerlo nosotros?

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