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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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15 Junio 2017 04:00:00
Memoria histórica
Y así amaneció Cananea, Sonora, aquel 1 de junio de 1806: con la mina Oversigth convertida en un furioso avispero que entre Porfirio Díaz y W.C. Green, patrón del consorcio gringo, habían enfurecido. En el transcurso del día los mineros iban a pagar su rebeldía con la respectiva cuota de sangre, tal como tiempo después en la mina Pasta de Conchos y la siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las truchas. Seguía el pregón transcrito ayer aquí mismo:

Pueblo, levántate. Aprende lo que parece que olvidaste. Cada mexicano al que desprecian los extranjeros en el propio suelo mexicano vale tanto o más que ellos si se une a sus hermanos y hace valer sus derechos. La situación actual se debe al pésimo Gobierno que da las ventajas a los aventureros, con menoscabo de los verdaderos dueños de esta desafortunada tierra.

¡Mexicanos, despertad, unámonos. La patria y nuestra dignidad lo piden!

Este “pasquín” es rechazado y desautorizado por los mineros porque, aseguran, fue escrito e impreso como una maniobra de los altos jefes de la compañía con fines premeditados de acusar a los huelguistas de sedición. “Mal síntoma, alerta el cronista, pues ya apareció la mano perversa de la burguesía minera, que principia a proyectarse en sucias maniobras para desvirtuar el noble fin que persiguen los trabajadores al reclamar justicia”.

Ya para entonces una impresionante multitud de huelguistas se había situado frente al edificio de la comisaría, muchedumbre ansiosa de conocer el resultado de las conversaciones que encabezaba, por el Comité de Huelga, Manuel M. Diéguez. Interminables horas de debate sólo iban a conducir a un mínimo resultado: los mineros deberán presentar por escrito sus peticiones. Ya decidiría la patronal de acuerdo con sus conveniencias. Los huelguistas habían acordado realizar una manifestación pública por toda la zona del mineral, y al arrancar su marcha de protesta arrancaron también las acciones que remataron en la masacre. Cananea.

“Los trabajadores estadunidenses persiguieron a los mexicanos a lo largo del pueblo expulsándolos hacia la serranía de los alrededores, sin embargo en su camino los mexicanos lograron quemar cinco depósitos de madera, un depósito de semillas, otro de forrajes y el edificio de la maderería donde aquéllos laboraban.

En protesta por estos actos, Greene acudió al cónsul estadunidense, quien pidió apoyo al Gobierno del vecino estado de Arizona. En respuesta a su petición se envió un grupo de rangers para controlar la situación, que el 2 de junio entraron armados a territorio mexicano para custodiar la tienda de raya y las instalaciones de la minera y perseguir y asesinar con el apoyo de la Policía rural porfirista a todo minero que opusiera resistencia. Estos acudieron al Gobernador de Sonora para exponer sus demandas, pero en el trayecto fueron agredidos por los rangers y se extendió el combate en el poblado; por la noche las tropas estadunidenses tuvieron que ser reembarcadas a su país.

El 3 de junio se declaró Ley marcial en Cananea y el movimiento quedó casi controlado; los líderes mineros como Baca Calderón y otros integrantes del Partido Liberal Mexicano fueron aprehendidos y enviados a la prisión política de San Juan de Ulúa. El saldo de las dos jornadas de lucha: 23 muertos y 22 heridos, más de 50 personas detenidas y cientos que huyeron por temor.

El 6 de junio, ante la incompetencia de Rafael Izábal, gobernador de Sonora, las actividades mineras regresarían a su normalidad; los trabajadores fueron sometidos, pero el primer destello de luz de la Revolución se había dado en aquel pequeño poblado de México.

(Cananea.)
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