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Carmen Aristegui
Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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13 Diciembre 2014 05:10:11
México
A la memoria de Vicente Leñero.

La escena protagonizada por Adán Cortés Salas, el joven universitario de 21 años, irrumpiendo con la bandera mexicana en plena ceremonia de entrega de premios Nobel de la Paz fue una nueva sacudida, dentro y fuera del país, sobre lo que pasa hoy en México. Durante unos segundos, el muchacho arrebató la atención que el mundo ponía a los dos defensores de la paz, los derechos humanos y las libertades humanas que recibían en ese momento el prestigiado galardón. Colocaba al lábaro patrio con una mancha roja en la tela como la poderosa imagen de un país dolido y ensangrentado. La imagen de un país en problemas. La imagen de un país que reclama la mirada y, acaso, la ayuda internacional. México, visto por el mundo, en un instante dramático que nos cortó la respiración.

La imagen y su simbolismo su sumó a las tantas otras expresiones que han tenido lugar en el país y fuera de él de forma masiva o individual.

El quiebre que ha significado este caso para México llevó a Enrique Peña Nieto a tratar de encontrar un poco de empatía con la lectura de un decálogo para superar la crisis y en la que repitió, varias veces: “Todos somos Ayotzinapa”. Claramente esos anuncios resultaron insuficientes. Del tamaño de la expectativa creada, resultó la decepción por lo anunciado.

El momento crítico se puede apreciar de diferentes maneras. A través de encuestas, por ejemplo. “Reforma” publicó, recientemente, una que muestra el desplome en los niveles de aceptación que produce la figura de Enrique Peña Nieto entre la población. La caída se observa más pronunciada entre los llamados “líderes”, que entre la población en general. En ambos casos la caída es significativa, comparada con mediciones similares.

Esta semana GEA-ISA presentó un nuevo ejercicio de esta naturaleza. Se ilustra sobre lo que caracteriza la situación por la que atraviesa México en estos momentos: los eventos de Ayotzinapa y de la “casa blanca” hicieron estallar una crisis de gobernabilidad con tres características principales: institucional, de liderazgo y conducción política, y de legitimidad del sistema político, según se desprende del estudio: “... ante la situación política, se ha generado un profundo descrédito de las instituciones políticas así como el mecanismo electoral para resolver las demandas sociales. La ciudadanía tiene la misma disposición para protestar en la calle que para salir a las urnas en junio de 2015... La sensación de enojo y miedo ante la crisis actual ha crecido considerablemente entre la ciudadanía... La sensación de esperanza cayó 17 puntos porcentuales”.

Ha caído la credibilidad de Enrique Peña Nieto de manera muy importante pero, no va solo: 7% de los ciudadanos creen en los partidos políticos... hace tres meses eran 16 por ciento... la credibilidad en los policías bajó de 20 a 10... sólo 9% cree a las televisoras... menos de uno de cada tres ciudadanos iría a votar en junio de 2015.

La crisis alcanza a todos. Los niveles de confianza han caído en universidades, iglesias, maestros, gobiernos, sindicatos, partidos, juzgados. Sólo el Ejército tuvo una caída en la confianza de 18 por ciento, estando, previamente, en los niveles más altos de aceptación.

El alma mexicana -según estas mediciones- podría representarse con la ecuación: -esperanza (-17); +enojo (+8); -orgullo (-6); +miedo (+8).

México está sumido en un pozo desconfianza. Razones a la vista sobran: por los muchachos desaparecidos en Iguala, por los jóvenes ejecutados en Tlatlaya, por una “casa blanca” en la Lomas, por la joven estudiante asesinada en el Ajusco, por la muchacha enfermera desollada en Uruapan, por los 300 desaparecidos de un jalón en Coahuila, por las licitaciones multimillonarias amañadas, por la impudicia de quienes lucran y abusan de sus funciones públicas, por la ineptitud para enfrentar una crisis, por la enorme carga de agravios acumulados por años con decenas de miles de muertos y desaparecidos.

México parece haber llegado al tope. Manifiesta desconfianza, enojo e indignación de múltiples maneras, también solidaridad, creatividad y expresiones de fuerza ciudadana. No queda claro lo que viene. El país de hoy ha elevado niveles de exigencia a los poderes públicos, al mismo tiempo que les ha arrebatado trozos de confianza prácticamente a todos los actores políticos. México ha dejado de creer en casi todos, pero no puede darse el lujo de dejar de creer en sí mismo.
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