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Ricardo Rocha
Ricardo Rocha
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Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.

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19 Julio 2017 04:06:00
México hueco
El socavón es la mejor representación a escala de lo que es este país: un gigantesco cascarón apenas sostenido por la argamasa maloliente de la corrupción, la ineficiencia y la impunidad. Pura apariencia en obras tan aparatosas como frágiles. Y adentro, nada. Ningún basamento sólido que soporte al engaño de afuera. Sólo el vacío dejado por la trácala, el desdén y la burla.

Las oquedades están incluso bajo los templetes de los actos oficiales, que sólo sirven para reverenciar a los hombres y mujeres del poder anunciando cualquier cosa. Puro material desechable, que recuerda a aquel general garciamarquiano que colgaba escenografías de gente vitoreándolo a su paso.

¿Cuánta verdad, cuánta firmeza, cuánta consistencia, cuánta determinación, cuánto amor a la patria hay al interior de nuestros edificios públicos? ¿Cuánto compromiso con la nación sustentan nuestras cámaras de Diputados y de Senadores? ¿Cuántos elefantes blancos y de todos colores y tamaños en viejas maquinarias burocráticas como direcciones, comisiones, representaciones, fiscalías, fideicomisos y coordinaciones que no sirven absolutamente para nada? Si entráramos en ellas, sólo encontraríamos la desolación de la negligencia y la apatía.

Por eso el hoyo enorme del Paso Express en Morelos no es un “gaje del oficio” –que diría Ruiz Esparza–, sino un ejemplo más del vacío que ocultaron las declaraciones triunfalistas de la inauguración presidencial en abril, de una obra para 40 años que se vino abajo –criminalmente– en apenas 3 meses. Sólo que ahí los muertos duraron los 2 años de la obra; 23 trabajadores y gente que por ahí pasaba perdieron la vida en accidentes evitables debido a la suciedad e impericia en los métodos de construcción. Ni al Gobierno federal, a través de la SCT, ni al de Morelos y menos aún a las empresas involucradas les importó nada.

A propósito, la constructora española Aldesa arrastra una larga y vergonzosa cadena de infamias: en España es investigada por corrupción, evasión de impuestos y sobornos en licitaciones; en 2015 en Perú, Aldesa no concluyó los trabajos de remodelación de la presa de Iruru que ahora está a punto de desbordarse, poniendo en peligro la vida de 20 mil personas; antes, y debido a su pésima calidad en la construcción de la carretera Durango-Mazatlán, y faltando 2 meses para la inauguración, se fracturó el asfalto y Aldesa incrementó en 40% el presupuesto inicial; en 2015 se encargó de la Subestación de la CFE en Ebtún, Yucatán y por deficiencias en su infraestructura tuvo que ser remodelada en dos ocasiones; como sabemos, el contrato inicial del Paso Express era de mil 45 millones de pesos, pero le autorizaron duplicarlo a 2 mil 200 millones.

Aunque lo más increíble es que, a pesar de todas sus corruptelas, tan sólo en el 2016 se le asignaron 170 proyectos, prácticamente todos con el Gobierno federal, incluida la joya de la corona que es la Torre de Control del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Lo que prueba el horror de los horrores: que en este país no negociamos con los mejores o los más honrados, sino con quienes se prestan mejor a la transa y la corrupción: con quienes se puede seguir construyendo este México hueco, de pacotilla y de puras apariencias.

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