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Redacción
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08 Enero 2017 04:00:00
México: pánico, medios, redes y falta paz
POR MAURICIO MESCHOULAM: Pavor en redes sociales. Advertencias de violencia y crimen por WhatsApp. No salgan, no hagan, cuídense, cierren sus empresas, sus negocios… “¿Se puede considerar que estamos viviendo una ola terrorismo?”, me preguntan de manera frecuente. Y no, a pesar de los saqueos, los bloqueos –violentos o no–, a pesar del vandalismo –inducido o espontáneo–, a pesar del pánico, no estamos ante atentados terroristas. Sin embargo, tanto el estrés colectivo que padecemos, no ahora sino desde hace años, como el contexto nacional en el que los eventos actuales tienen lugar, no son demasiado diferentes a los que se pueden hallar en países que sí sufren olas de ataques terroristas. Me concentro en dos cuestiones concretas con el fin de aportar en una mayor comprensión de ese contexto: la falta de paz y los efectos psicosociales que le acompañan.

Desde hace tiempo, en el Índice Global de Paz, México es uno de los 25 países más bajos de la tabla, y ha ido empeorando. En 2013 nos ubicábamos en el sitio 133 de un total de 162 países, con una calificación de 2.434. En 2014, bajamos al sitio 138 con 2.5 en el índice. En 2015 llegamos al 144 con 2.53. En 2016 México se ubicó en el sitio 140, pero con una medición incluso peor que en 2015: 2.557 puntos. En cuatro años hemos experimentado tanto un deterioro en los niveles absolutos –nuestro PIB de paz, por así llamarlo, está decreciendo a razón de 1.26% anual–, como en los niveles relativos –hemos perdido siete sitios en la tabla global, incluso tratándose de un planeta bastante menos pacífico hoy que en 2012.

Esas condiciones tienen repercusiones en los efectos psicosociales y el miedo generalizado. En 2012 efectuamos un estudio que indicaba que en México un elevadísimo porcentaje de personas padecía síntomas sugerentes de estrés postraumático a causa de la violencia asociada al crimen organizado y que, mientras más conectados estábamos a medios o redes sociales, esos síntomas tendían a incrementarse. Esto no sólo ocurría en las zonas más violentas del país. La investigación reflejaba las secuelas del contagio de estrés, así como el impacto de los rumores y las noticias compartidas en redes sociales a causa de ese entorno. Investigaciones posteriores nos han revelado que, como producto de ese estrés y de la desconfianza, una gran cantidad de entrevistadas(os) deciden alejarse de las noticias, y ya incluso manifiestan sentimientos muy negativos acerca de las redes sociales, percibidas por una gran parte de nuestros participantes como muy fácilmente manipulables, fuentes de rumores o noticias falsas.

En palabras simples, a pesar de que no estemos experimentando atentados terroristas como tales, sí vivimos en un ambiente en donde prevalece la falta de paz y en donde la criminalidad y el miedo son notas cotidianas. Por lo tanto, es natural que estemos predispuestos a padecer los efectos de rumores, de notas y advertencias compartidas en redes; no es la primera vez que ocurre una situación similar. No somos de cartón. Cuando el miedo nos invade reaccionamos de maneras peculiares, aunque haya voces que nos pidan que no cunda el pánico. Tristemente, estos síntomas no se eliminan por decreto o por llamados a la serenidad, sino que deben atenderse de manera integral. Y en el fondo, mientras sigamos sin resolver las condiciones –sociales, económicas, políticas y culturales– de falta de paz estructural, con medidas más eficaces de corto, mediano y largo plazo, permanecemos en un entorno en el que, de manera crecientemente peligrosa, cualquier chispa puede encender la mecha de eventos como los que hoy se viven.
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