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Lulú De Koster.
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Lulú De Koster es periodista, egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAdeC (1995). Ha sido Premio Estatal de Periodismo, colaboradora en redacciones de periódicos locales, editorialista, productora y conductora en medios de comunicación electrónicos. Actualmente es integrante del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción (Coahuila) y los comentarios aquí vertidos son a nombre de la autora.

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03 Junio 2020 04:05:00
¿México racista?
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En una videoconferencia del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación en México (Conapred), uno de los ponentes preguntó a la audiencia: ¿México es racista? Y la mayoría respondió que sí, pues en algún momento de su vida habían escuchado frases como la de “ojalá y nazca güerito”, “pereces indio”, “que negro está”, por citar algunas expresiones que denotan la discriminación que prevalece en el país.

El racismo y la discriminación son factores que muestran la intolerancia de una sociedad que no acepta las diferencias y los derechos de las personas, como ocurre desde hace días en el vecino país y la zona fronteriza con Coahuila, en los Estados Unidos, tras la violencia callejera iniciada por las protestas tras la muerte de George Floyd, un hombre negro que murió a causa de una agresión por parte de un policía blanco de Minneapolis.

A pesar del despliegue de policías en la Unión Americana, los enfrentamientos han sido constantes en los últimos días, destruyendo negocios, oficinas públicas, unidades de la Policía y detenidos por decenas en ciudades donde se han recrudecido las manifestaciones por el acto racista y la muerte de Floyd. Diarios norteamericanos han destacado en sus titulares que no hay antecedente de tantas ciudades en toque de queda, desde el asesinato de Martin Luther King, el líder de la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, en 1968.

Las escenas que divulgan las redes sociales y medios de comunicación deben llevar a la reflexión. Se trata de actos que violentan los derechos individuales, la libertad de tránsito y evidencian además el abuso de autoridad y los excesos de la policía en el momento de una detención por “sospecha” o por flagrancia en la comisión de un supuesto delito.

Sin embargo, México no queda ajeno a la problemática, a la intolerancia y a los abusos. Pero no solo de los policías o integrantes de corporaciones de seguridad, sino que según resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis 2010), uno de cada 10 jóvenes entre 12 y 29 años señala haber sido objeto de bromas pesadas o burlas de todo tipo en escuelas, calle o trabajo, que la dependencia clasifica como actos de discriminación.

Los estereotipos, prejuicios o “etiquetas” por la forma de vestir, por portar tatuajes, ser migrante, tener sobrepeso o padecer alguna enfermedad visual, motora o tener preferencias sexuales diferentes, son parte de la lista que cita la encuesta como actos de rechazo, agresión y hasta pérdida del empleo o restricción para acceder a un restaurante o lugar público.

Pero “las apariencias engañan” y la sociedad está obligada a ser más abierta y tolerante, al menos las nuevas generaciones van en esta ruta.

El color de la piel, el nivel socioeconómico o educativo, la religión, la forma de vestir o las preferencias políticas no son impedimento para que a cada persona se le garanticen los derechos mínimos e individuales como lo establece la Constitución Mexicana. La tarea es evitar los prejuicios e incentivar la tolerancia en las personas, en la familia, grupo escolar, desde los liderazgos de las empresas, gobernantes o guías religiosos, si es que no queremos en México protestas como las que detonó la muerte de Floyd en Minneapolis.
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