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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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04 Noviembre 2017 04:00:00
México, rico en cultura y tradiciones
Siempre lo he dicho; también lo he escrito en diferentes ocasiones. Nuestro México, además de su riqueza natural, de la belleza de sus playas y paisajes, es inmensamente rico en cultura y tradiciones.

Y en esas tradiciones que están muy arraigadas pero ahora van cobrando mayor fuerza, se encuentra la instalación de Altares de Muertos, llamados también Ofrendas del Día de Muertos.

Soy una enamorada de mi país, de su folklore, de sus hermosas tradiciones y he tenido la fortuna de visitar diferentes estados de la República donde se mantiene vivo el interés por preservar nuestras festividades.

Y créame que es de verdad un deleite observar cómo disfrutan los habitantes de nuestras comunidades, recordar a sus difuntos. Es el momento de honrar a la persona que fue en vida, con profundo respeto y amor por parte de familiares y amigos.

Se cree que durante la celebración del Día de Muertos, las ánimas de los difuntos bajan a “visitar” a los seres vivos, a sus seres queridos, en un permiso especial a ellos concedido, en una dimensión espiritual, plena de amor.

Para tal encuentro, se preparan altares donde se coloca la fotografía de la persona a quien se va a honrar. Aunque el altar se viste o arregla, hay que tomar en consideración que existen elementos imprescindibles que no pueden faltar en la ofrenda. Importante es también conocer el significado que es lo que hace que se preserven las tradiciones.

Las ofrendas se colocan en dos niveles que simbolizan el cielo y la tierra. Se puede agregar un tercer nivel que representaría el purgatorio. Los más grandes pueden ser de siete niveles que según la creencia son los pasos que la persona va dando para alcanzar el descanso eterno.

Los elementos que no deben faltar: La fotografía de la persona a quien se va a honrar, así como también sus objetos personales. Agua; que les ayudará a mitigar la sed en su viaje de ida y de regreso. Significa vida.

La sal: es la parte esencial en las ofrendas. Ayuda al cuerpo a no corromperse en su trayecto.

Veladoras y cirios: la flama simboliza la luz, la fe y la esperanza que los guía al reencuentro con sus seres queridos. Cada vela significa un difunto; si es colocada en color morado quiere decir que hay un duelo reciente; si los cirios se colocan en forma de cruz, la creencia indica que son los cuatro puntos cardinales para orientarlos en su viaje.

Copal e incienso: es una fragancia que además de ser utilizado para limpiar y purificar el ambiente, lo es para ahuyentar los “malos espíritus”.

La flor de cempasúchil: por su color fuerte y su olor se considera que dirige a las almas a su hogar. El alhelí y la nube, por su pureza y ternura son utilizadas para adornar los altares dedicados a honrar a los niños.

El arco: representa la entrada hacia el más allá. Se adorna con la flor de cempasúchil y en algunos casos con frutas.

La cruz: símbolo del cristianismo, introducida durante la evangelización a nuestros pueblos indígenas, Se coloca en la parte superior del altar. Puede formarse con los pétalos de la flor de cempasúchil, con sal, con cal o ceniza.

El pan: representa la fraternidad; por lo tanto no debe faltar en los altares.

El petate: simboliza el descanso de las almas en su trayecto. En algunas comunidades es utilizado para colocar los alimentos de la ofrenda.

Comida guisada: Se coloca en el altar la comida que a la persona tanto le gustaba.

Izcuintle: la creencia nos dice que es el compañero fiel de las almas, que las protege al cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán. Se coloca como juguete en los altares dedicados a los niños.

Las calaveras de azúcar y el papel picado, son una forma festiva de aludir a la muerte. En toda celebración de nuestro país, el papel picado es la estrella, es imprescindible; es lo que le da el colorido a nuestras festividades.

No podían faltar nuestras maravillosas Catrinas, creación de José Guadalupe Posada, grabador, ilustrador y caricaturista mexicano.

Las “calaveras”, festivas y simpáticas con dedicatoria a algunas personas que bien pueden ser políticos, funcionarios, amigos…..

México es un gran país, nadie lo puede negar. El desfile de las Catrinas en la Ciudad de México de verdad que fue todo un espectáculo con proyección internacional.

Si mi memoria no falla, fue en el período del ex presidente Miguel de La Madrid a través de su esposa doña Paloma Cordero, quien por medio del Voluntariado se dieron a la tarea de rescatar tradiciones, entre ellas, los Altares de Muertos ya que si bien en varios estados de nuestro México se acostumbran, no así en el norte del país. Era más común ver a los niños disfrazados –sobre todo en la frontera- imitando otras costumbres.

Necesitamos continuar y rescatar lo nuestro, no dejar morir nuestras tradiciones, son bellísimas y sobre todo son muy nuestras.

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