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Héctor Horacio Dávila
Héctor Horacio Dávila
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26 Agosto 2017 04:00:00
México se durmió
Tuvimos 23 años para fortalecer nuestra economía y depender menos de los americanos y canadienses, lo cual los canadienses hicieron muy bien, ya que metieron dinero, tiempo y esfuerzo en la investigación y no dependen tanto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sin embargo, MÉXICO SE DURMIÓ, ya que no hizo su trabajo en investigación y desarrollo y prefirió gastar el dinero en desarrollo social o, en pocas palabras ASISTENCIALISMO SOCIAL, ya que con el programa de Sedesol le dio a los pobres para que se hicieran más pobres. La cuestión no es darles dinero, es enseñarles un oficio y una manera de vivir, enseñarles a pescar, no a darles el pescado. Por todos lados no hay plomeros, electricistas, ebanistas, carpinteros mecánicos de diésel ni de gasolina, soldadores ni herreros. Enseñarles un oficio es darles una manera de vivir sin que el Gobierno les dé ASISTENCIALISMO SOCIAL (su despensita, cuota electoral).

En definitiva, México se durmió en sus laureles y ahora teme que Estados Unidos se levante de la mesa del TLCAN y no exista más relación comercial. Recordemos que antes del Tratado de Libre Comercio, la exportación de manufacturas era de 50 mil millones de dólares y pasó a 350 mil millones en la actualidad, o sea nuestra exportación creció siete veces en estos 23 años, no al doble ni al triple sino a la séptima potencia. Crecimos gracias al TLCAN y creyeron que no iba a ver un presidente que le pusiera un alto al contenido de origen de las partes y esto va a cambiar las reglas del juego, ya que Trump quiere elevarlo a más de 80%, esto quiere decir que el contenido de cualquier artículo (auto, televisión, lavadora, refrigerador, etcétera) tenga 80% de componentes de origen, es decir, fabricados en el país original.

México se durmió, mis queridos seis lectores. Todas las naciones han crecido: Corea, Japón, Taiwán, Malasia, Vietnam, Camboya y nosotros seguimos sin tener crecimientos arriba de 3% del PIB. Todas las armadoras, como comenté anteriormente, están con nosotros para que no se cambie el origen, ya que, por ejemplo, Toyota, BMW, Renault y demás se instalaron en México por el costo de mano de obra súper barato, y ¿qué va a suceder, mis queridos seis lectores? Si cambian las reglas de origen, las plantas ya no podrán estar aquí, lo único que haríamos es ensamblar.

Todo el modelo iba bien hasta que llegamos al punto de la transferencia de tecnología, es decir, que las empresas estadunidenses compartieran con las mexicanas sus avances tecnológicos, y que como sucedió en Japón y Corea del Sur, posteriormente las empresas mexicanas llevaran a cabo “ingeniería en reversa”, y una vez conociendo los procesos, los mejoraran creando innovaciones que podrían comercializarse en todo el mundo, e incluso llegar al punto de crear marcas propias de autos, electrodomésticos y demás artículos que hoy se maquilan con gran éxito y calidad.

Nadie imaginó que el Gobierno mexicano, en lugar de copiar fielmente los tan exitosos modelos japoneses, alemanes y estadunidenses, y después surcoreanos, dejara de lado el hecho de que las empresas no son las que invierten en la investigación básica necesaria, sino que esa labor le toca al Gobierno y que después las empresas toman las patentes y llevan a cabo los desarrollos que finalmente comercializan a nivel mundial. En vez de ello, el Gobierno decidió dejar a su suerte a las empresas mexicanas y usar sus excedentes para incrementar su gasto social.

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