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Héctor Horacio Dávila
Héctor Horacio Dávila
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27 Septiembre 2017 04:00:00
México se durmió
Tuvimos 23 años para fortalecer la economía nacional y depender menos de los americanos y canadienses, lo cual los canadienses hicieron muy bien, ya que metieron dinero, tiempo y esfuerzo en la investigación y no dependen tanto del Tratado de Libre Comercio. Sin embargo, MÉXICO SE DURMIÓ, ya que no hizo su trabajo en investigación y desarrollo y prefirió gastar el dinero en desarrollo social o, en pocas palabras, ASISTENCIALISMO SOCIAL, ya que con el programa Sedesol le dio a los pobres para que se hicieran más pobres. La cuestión no es darles dinero, es enseñarles un oficio y una manera de vivir; enseñarles a pescar, no darles el pescado. Por todos lados no hay plomeros, electricistas, ebanistas, carpinteros, mecánicos de diésel ni de gasolina, soldadores y herreros. Enseñarles un oficio es darles una manera de vivir sin que el Gobierno les dé el ASISTENCIALISMO SOCIAL (su despensita, cuota electoral).

En definitiva, México se durmió en sus laureles y ahora teme que Estados Unidos se levante de la mesa del TLCAN y no exista más relación comercial. Recordemos que antes del Tratado de Libre Comercio, en 1994, la exportación de manufactura era de 50 mil millones de dólares y pasó a 350 mil millones en la actualidad, o sea creció siete veces la exportación en estos 23 años, no al doble ni al triple sino a la séptima potencia. Crecimos gracias al TLCAN y creyeron que no iba a haber un presidente que le pusiera un alto al concentrado de origen de las partes y esto va a cambiar: Trump quiere elevar a más de 80% el contenido de EU, es decir, cualquier artículo -auto, televisor, lavadora, refrigerador, etcétera- deberá tener 80% de sus componentes y costos con origen en ese país.

Mis queridos seis lectores: todas las naciones han crecido: Corea del Sur, Japón, Taiwán, Malasia, Vietnam, Camboya y otros y nosotros seguimos sin tener un crecimiento por arriba de 3% del PIB. Como comenté anteriormente, todas las armadoras están con nosotros para que no se cambie el origen, ya que Toyota, BMW, Renault y demás se instalaron en México por el costo superbarato de mano de obra y ¿qué va a suceder, mis queridos seis lectores?: si cambian las reglas de origen, las plantas ya no podrán estar aquí, lo único que haríamos es ensamblar.

El modelo iba bien hasta que llegamos al punto de la transferencia de tecnología, es decir, que las empresas estadunidenses compartieran con las mexicanas sus avances tecnológicos y que, como sucedió en Japón y Corea del Sur, posteriormente las empresas mexicanas llevaran a cabo “ingeniería en reversa”, y una vez conociendo los procesos, los mejoraran creando innovaciones que podrían comercializarse en todo el mundo, e incluso llegar al punto de crear marcas propias de autos, electrodomésticos y demás artículos que hoy se maquilan con gran éxito y calidad.

Nadie imaginó que el Gobierno mexicano, en lugar de copiar fielmente los modelos japoneses, alemanes y estadunidenses y después sudcoreanos, tan exitosos, dejara de lado el hecho de que las empresas no son las que invierten en la investigación básica necesaria, sino que esa labor le toca al Gobierno y después las empresas toman las patentes y llevan a cabo los desarrollos que finalmente comercializan a nivel mundial. En vez de ello, el Gobierno decidió dejar a su suerte a las empresas mexicanas y usar sus excedentes para incrementar el gasto social. ¿Ustedes qué opinan?
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